el diablo y el mar oscuro

EL DIABLO Y EL MAR OSCURO, Stuart Turton

Una novela detectivesca disfrazada de novela histórica y aderezada con algunos toques supuestamente sobrenaturales. Esta es la forma menos enrevesada que he podido encontrar para definir a El diablo y el mar oscuro (2020), de Stuart Turton.

La historia, ambientada en el siglo XVII, transcurre a bordo del Saardam, un barco mercante holandés que zarpa desde Batavia (la actual Yakarta, en Indonesia) rumbo a Amsterdam. El viaje, ya de por sí peligroso por la amenaza de las tormentas y los piratas, se vuelve especialmente siniestro por un hecho que sucede en el puerto, justo antes de soltar amarras: la maldición de un leproso que habla sin lengua, antes de ser consumido por el fuego.

El barco está maldito, todos lo saben. Hay algo maligno a bordo. Pero el misterio es mucho más complejo y prosaico de lo que aparenta ser. Los encargados de resolverlo son Arent Hayes y Samuel Pipps. El primero representa la fuerza, el segundo la astucia. Hay que decir que, por razones que no se explican hasta el final de la obra, Pipps viaja como prisionero, encerrado en una estrecha, oscura y húmeda estancia del barco.

Hay muchos más personajes a bordo, y casi todos ellos esconden algún secreto. Todo se complica a medida que se producen muertes y sucesos inexplicables. Lo real y lo imposible se mezclan en una travesía que parece condenada irremediablemente al desastre.

Son muchas las virtudes de esta novela, pero yo destacaría sobre todo la capacidad del autor para construir un escenario opresivo y asfixiante en un lugar tan abierto e inmenso como es el océano. Tras una devastadora tormenta, el Saardam queda aislado del resto de la flota, aunque por las noches aparece una extraña linterna roja que anuncia la presencia de una embarcación hostil y amenazadora. ¿Piratas? ¿Fantasmas? ¿Tal vez el mismo Diablo?

Tal vez. Muchos de los pasajeros están convencidos de que un demonio llamado Viejo Tom se ha apoderado del barco. ¿Es eso cierto o solo fruto de la superstición y la ignorancia? Turton juega magistralmente con esta ambigüedad, dejando que el lector se cuestione constantemente lo que es real y lo que no.

Mientras los rayos caían sobre la cubierta, Crauwels rezó para que Dios los ayudara a superar esto. Y cuando no obtuvo respuesta, rezó al Viejo Tom. “Así es como los hombres caen en las manos del Diablo”, pensó con amargura. Con la gorra en la mano y sin esperanzas, todas sus oraciones quedaron sin respuesta.

Aunque The Devil and the Dark Water es un libro original y entretenido, hay algunos detalles no tan positivos que sería necesario referir. El más importante de ellos es que el aspecto histórico no parece especialmente cuidado (ojo, yo no soy de esos lectores de novela histórica que andan a la caza de errores minúsculos para poner el grito en el cielo) lo cual resta un poco de realismo a algunos personajes e historias.

El autor intenta justificar estas carencias en una nota final dedicada al lector que, en mi opinión, destila un pelín de prepotencia. En ella viene a decir que nos ahorremos las críticas en este sentido, porque él sabe de sobra que hay errores e inexactitudes, pero que le dan igual. Ningún obstáculo iba a desviarle de su objetivo: escribir la novela que quería escribir. Francamente, para dar este tipo de explicaciones era mejor no decir nada.

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