amos de títeres

AMOS DE TÍTERES, Robert A. Heinlein

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Algunos clásicos de la ciencia ficción no pasan de moda. Están ahí, a la espera de ser descubiertos (o releídos) para demostrar que los temas que exponen siguen siendo vigentes. Ese es el caso de Amos de títeres (1951), de Robert A. Heinlein.

Cuando escribió esta novela, el autor aún no había alcanzado el Olimpo del género con títulos inmortales como Starship Troopers, pero ya apuntaba maneras. En esta obra, nos encontramos con la caída de un platillo volante (estamos en la década de los 50) en las afueras de Des Moines, Iowa. Después de este suceso, los agentes de «La Sección», una división secreta de los servicios de seguridad nacional, comienzan a desaparecer a un ritmo alarmante a medida que son enviados a investigar. El jefe de la Sección, conocido simplemente como «el Viejo», decide ir allí él mismo, junto con uno de sus mejores agentes: Sam y Mary.

Allí descubren la horripilante realidad de lo que está sucediendo: los habitantes del pueblo están siendo controlados por extraños seres alienígenas con forma de babosas que se adhieren a sus espaldas, apoderándose de sus mentes. Los humanos «contaminados» se convierten, de esta manera, una especie de títeres sin voluntad propia. Sam, Mary y su superior intentan convencer al gobierno de la nación de la gravedad del asunto, pero chocan contra un muro de incredulidad. Mientras, la invasión alienígena se extiende de forma tan silenciosa como imparable.

«¿Estaban realmente dotados de inteligencia? De una inteligencia propia, se entiende. Lo ignoro. Y tampoco sé si alguna vez conseguiremos averiguarlo.»

Esta trepidante novela fue publicada cuatro años antes de Los ladrones de cuerpos, de Jack Finney. Eso nos hace pensar que Heinlein fue víctima de una especie de plagio disimulado. No solo eso: Amos de títeres ha quedado un tanto ensombrecida por la fama de la novela de Finney, que además fue llevada al cine en varias ocasiones.

En todo caso, desde casi 75 años de distancia, hay que reconocer que Puppet Masters posee un argumento muy original. Heinlein ambienta su historia en el futuro, en el año 2007. El mundo que plantea no es exactamente el nuestro, aunque sí es capaz de anticipar algunos avances tecnológicos, como los teléfonos móviles con bluetooth, los drones voladores y los coches autónomos. Es cierto que también se equivoca en muchos otros aspectos. Por ejemplo, al predecir la colonización de Marte y Venus. Se trata, además, de un mundo posterior a una guerra nuclear que ha modificado el panorama geopolítico y geológico del planeta.

Hay algunos aspectos de esta novela que explican por qué Robert A. Heinlein está considerado como uno de los gigantes de la literatura de ciencia ficción. El argumento es muy original, los personajes son interesantes, el ritmo y los diálogos son ágiles… Todo en conjunto hace que esta lectura sea realmente atractiva.

Aparte de esto, en Amos de títeres subyace un mensaje político poco disimulado. Hijo de su época, Heinlein refleja en su novela el «miedo rojo» que angustió a los estadounidenses durante décadas. La amenaza de las babosas se convierte así en una sátira de la paranoia comunista y una advertencia aterradora.

En este ambiente de paranoia, los ciudadanos llegan a aceptar la obligación de dejar de vestirse, a fin de que las babosas no puedan ocultarse y estén a la vista. Forzado por las circunstancias, el tabú de la desnudez desaparece de un día para otro, dejando claro cómo el miedo es capaz de transformar a una sociedad, incluso en sus costumbres y creencias más arraigadas. También Heinlein tiene algo de visionario en este punto.

Para alguien que nunca haya leído nada de este autor, yo diría que este es un buen punto de partida. Una historia entretenida, llena de suspense, de buena ciencia ficción y un profundo sentido de la aventura, alejada todavía de las novelas más famosas, complejas (y también bastante controvertidas) que escribiría años después.

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