El verano es una buena época del año para embarcarse en aventuras marineras como la que nos ofrece La carta esférica (2000), de Arturo Pérez-Reverte. La propuesta es lanzarnos en busca de un tesoro perdido, un galeón español del siglo XVIII cargado de riquezas que descansa en el fondo del mar.
El autor, que cuando se trata de temas náuticos se siente como pez en el agua, elabora esta vez una historia donde encontramos misterio, historia y bajas pasiones. Todo ello en un escenario con una atmósfera marítima profundamente evocadora.
El protagonista, Manuel Coy, es un marinero de la Marina Mercante en horas bajas: ha sido sancionado por negligencia profesional y suspendido de actividad. Un hombre perdido que solamente es capaz de sentirse seguro mar adentro, lejos de tierra firme.
El azar quiere que Coy se encuentre en Cartagena con Tánger Soto, una bella y enigmática funcionaria del Museo Naval. Ella le explica su interés por el naufragio ocurrido en el siglo XVIII: el del Dei Gloria, un navío español que habría desaparecido frente a las costas del Mediterráneo transportando un tesoro oculto. Usando sus dotes de seducción, Tánger acaba reclutando a Coy para que le ayude a localizar los restos del barco, dando inicio así a una apasionante búsqueda cargada de tensión y llena de secretos. El marinero sabe que esa mujer fascinante es también muy peligrosa, pero aun así no puede evitar seguirla en su aventura.
«En alta mar el aire era fresco, las heridas cicatrizaban antes, y el silencio se tornaba lo bastante intenso como para hacer soportables las preguntas sin respuesta y justificar los propios silencios.»
El mar: mucho más que sólo un escenario
Como él mismo recuerda a todo el mundo a la más mínima ocasión, Arturo Pérez-Reverte es un apasionado de la navegación. En La carta esférica hace gala de sus conocimientos sobre náutica e historia naval, así como su dominio de la terminología marinera (tan específica que muchas veces el lector tiene que recurrir al diccionario).

Pero en la novela el mar y los barcos son algo más que un decorado de fondo sobre el que construir una historia. Es el universo de Coy, un hombre que no conoce otra vida. El marino es un personaje herido que intenta retomar el control de su vida. Para él, navegar es la única forma de ordenar su caos emocional.
La historia avanza como una travesía: a veces en calma, a veces agitada, pero siempre con un rumbo marcado por la introspección del protagonista y los enigmas que se van acumulando en la mente del lector. Además de la aventura, hay algunos retazos propios de la novela negra, como el cliché de la mujer fatal que manipula al protagonista y lo arrastra a su perdición. Un desenlace que cualquier lector mínimamente avispado ya se ve venir desde los primeros capítulos, aunque eso no le resta interés al relato.
Además de ser una lectura entretenida, La carta esférica es una puerta de entrada al universo náutico de Pérez-Reverte, cuya pasión por el mar ha dejado huella también en obras como Cabo Trafalgar o en múltiples artículos periodísticos.
