A veces caemos en el error de deslumbrarnos ante la estantería de novedades de la librería y nos olvidamos de joyas escritas en otras épocas. Por eso en este blog rescato de ve en cuando maravillas como esta: Fiesta al noroeste (1953), de Ana María Matute.
Esta es una novela descarnada que trata sobre la crueldad humana y la infancia perdida. Una obra brillante y desoladora. Imposible leerla sin que se nos encoja el corazón.
Desde las primeras líneas, la autora nos introduce en un mundo donde la soledad, el poder y el resentimiento se mezclan hasta crear una atmósfera casi insoportable. Está ambientada en un pequeño pueblo castellano durante la postguerra. El protagonista, Juan Medinao, es el hijo del cacique del pueblo. Un niño diferente, con ciertas taras físicas (una cabeza de tamaño desproporcionado) que provocan las burlas y humillaciones de otros niños, así como el repudio de su propia familia.
Juan acaba heredando la hacienda de su padre y se convierte, irónicamente, en el nuevo amo del pueblo. Sin embargo, eso no le convierte en una persona feliz. Las viejas heridas son demasiado profundas.
“Juan Medinao se encerró en su casa grande, con los postigos siempre entornados, como si temiera que la luz le descubriera algo que no quería ver.”
Dingo, el único amigo que tuvo Juan durante su infancia (aunque este también le acabaría engañando y robándole para huir del pueblo) aparece un día sin avisar, años después de marcharse sin avisar a nadie. Partió en busca de aventuras y fortuna, pero vuelve con la derrota en la cara. La mala suerte hace que su carro atropelle a un niño y sea detenido. Su destino está ahora en las manos del dueño del pueblo.
Este regreso desata un torbellino de recuerdos dolorosos en la mente de Juan Medinao. A través de ellos, el lector repasa su infancia desgraciada y la tomentosa relación con su padre. También la extraña relación de amor y odio con Zácaro, su hermanastro. Un joven libre e independiente al que, a pesar de vivir en la miseria, Juan envidia con toda su alma.
Juan Medinao está atrapado entre el odio heredado y la imposibilidad de escapar del pasado. Ana María Matute nos presenta su historia con un estilo peculiar, donde se mezclan la ternura y el horror.
“A veces Juan miraba el río y pensaba que el agua debía doler, porque siempre huía.”
La “fiesta” del título no es una celebración, sino una ironía amarga. Es la fiesta de la violencia y del destino que se repite. El “noroeste” es el punto cardinal del frío, del aislamiento y de la desesperanza.
Ana María Matute ha sido muchas veces elogiada por haber retratado con maestría la tragedia de la posguerra española. En esta obra va un paso más allá, escarbando en los recovecos de la condición humana en su desnudez más cruel.
Lamentablemente, esta novela no ofrece consuelo ni redención. En cambio, está dotada de una belleza terrible, esa que solo puede nacer del dolor verdadero. Una lectura de esas que dejan una honda impresión.
