Escogí esta lectura porque se trata de una novela ambientada en Mallorca, de donde yo soy. Tenía curiosidad por ver si la isla sería presentada simplemente como un escenario exótico donde desarrollar la trama o si, en cambio, habría algo más.
En los últimos años, son muchos los estadounidenses que visitan este destino. Se ha puesto realmente de moda. Por diferentes razones, he tenido la oportunidad de conocer a muchos de ellos: algunos vienen de vacaciones, otros eligen la isla para celebrar su boda. Incluso los hay (los más pudientes) que acaban comprando alguna propiedad. Debo decir que casi todos ellos tienen un perfil bastante similar a los personajes de Los veraneantes (2014) de Emma Straub.
En general, suele ser gente educada y amable, aunque también un pelín condescendiente. Y, a pesar de estar mal o insuficientemente informados acerca de la realidad mallorquina y española en general, se comportan de manera bastante respetuosa. A veces parecen niños grandes fascinados por las playas, el clima y nuestra fabulosa gastronomía.
En este sentido, nada que reprochar a la autora. El libro refleja bien esa realidad. Tal vez habría que decirle que no todos los mallorquines tenemos la piel morena y el pelo rizado (ni el torso de Rafa Nadal), y que no solamente nos alimentamos de jamón serrano. Pero bueno, nada grave. Concedámosle estas pequeñas licencias.
Tal vez lo que falló a la autora es no conocer bien el destino al que enviaba a sus personajes. Si se trata de buscar ese tipo de información, Huellas Viajeras es un blog de viajes muy interesante que puede serte de gran ayuda. En él encontrarás práctica y valiosa información sobre destinos de todo el mundo. Absolutamente recomendable para cualquier tipo de viajero.

Dicho esto, la novela en sí me ha parecido bastante floja. El argumento gira en torno a una familia de Nueva York se reúne para pasar dos semanas en una lujosa residencia de alquiler en Mallorca: el matrimonio formado por Franny y Jim, quienes celebran su 35º aniversario inmersos en una profunda crisis de pareja, su hija adolescente Sylvia y su hijo mayor, Bobby, que viene acompañado de su novia (bastante mayor que él y por eso mal vista por el resto de la familia). Completan el grupo el mejor amigo de Franny, Chris, y su novio Lawrence.
Bajo una falsa apariencia de armonía y felicidad, todos llegan cargados con pesadas mochilas sobre sus hombros: infidelidades, problemas económicos, cuentas pendientes, inseguridades… Tensiones que amenazan con explotar y arruinar las vacaciones de todos. Y tal vez algo más que sólo las vacaciones.
La estancia dura catorce días y cada uno de ellos ocupa un capítulo de la novela. Las historias de cada uno de los personajes se desarrollan y entrecruzan, pero sin la fuerza necesaria para captar la atención del lector (por lo menos, ese fue mi caso). El relato es plano y no se avanza hacia ningún lugar, con giros argumentales forzados y fallidos. Todo en suma me dio la impresión de estar viendo una de esas películas ñoñas que emiten los domingos por a tarde por televisión.
En resumen, y dejando de lado todo el asunto de la «Mallorca exótica», no es una novela que pueda recomendar. Puede resultar entretenida en algunos momentos, lo reconozco, pero me dejó bastante frío. Una lástima.

Daniel, esto te pasa por salirte de la novela negra. A ver cuando vuelves al redil.
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No solo de «noir» vive el hombre, jejeje
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