Hay que reconocer que la serie Siruela Policiaca está llena de joyas que descubrir. Un catálogo de títulos que harán las delicias de cualquier buen aficionado a la novela negra. Un buen ejemplo es esta lectura, que me ha acompañado en este cambio de año: La media luna de arena (2020), de Fausto Vitaliano.
La acción nos lleva hasta San Telesforo Jonico, en la meridional región italiana de Calabria (en el mapa, la punta de la «bota»). En esta localidad remota donde hay más casas vacías que habitantes, aparece un cadáver en la playa, arrastrado por la marea. Casi al mismo tiempo, se produce otro acontecimiento destacado en este pueblo apacible y aburrido donde nunca pasa nada: el regreso de Falco, el arrogante, estúpido y millonario hijo del barón Vittorio Celata y la baronesa Silene Celata.
Pero el verdadero protagonista es Gori Misticò, un subteniente del cuerpo de carabineros que se halla en excedencia debido a un cáncer que le obliga a viajar constantemente a Milán. Allí es tratado por su amigo (aunque leyendo sus conversaciones cuesta creerlo), el oncólogo Nicola Strangio, también calabrés.
Misticò es un personaje hosco y desagradable, aunque también astuto y honesto. Su enfermedad le ha hecho perder las ganas de luchar por la vida. ¿Para qué sirve combatir el mal, si este siempre encuentra la forma de prevalecer? Indiferente a todo lo que sucede a su alrededor, dedica el poco tiempo que tiene a sentarse en la playa de Pàparo, su «media luna de arena», donde conversa con Michele, su amigo de juventud, fallecido mucho tiempo atrás.

Sin embargo, los crímenes que sacudirán San Telesforo Jonico lograrán rescatar a Gori Misticò de la languidez y la apatía. Una de las razones de este despertar es que la existencia de la propia playa de Pàparo está amenazada por un proyecto descabellado: la construcción de un puerto turístico. Detrás de esto están los intereses de la especulación inmobiliaria y el hijo del barón, Falco Celata di Lauria, «un idiota como pocas veces se han visto. No solo en la costa jónica de Calabria, sino en todo el mundo».
Así, Gori Misticò concentrará sus escasas fuerzas para guiar al joven sargento Federico Constantino para descubrir la verdad. Su relación, de carácter casi paternofilial, aunque no exenta de malos modos, resultará muy fructífera. Ello permite a Misticò afrontar con éxito su última misión: «hacer algo bueno» para dar algo de sentido a una existencia que se apaga sin remedio.
Para quienes piensen que esta es una novela policiaca más, debo decir que el final es completamente inesperado. Y en más de un sentido. La trama es realmente cautivadora y está bellamente tejida. Bien cargada de ironía y aderezada con elementos «calabreses» que enriquecen la narración y la hacen aún más atractiva.

Por último, un apunte sobre el autor: Fausto Vitaliano es guionista de Walt Disney Italia, dibujante, periodista musical y novelista. De hecho, Gori Misticò es un ávido lector de Topolino (la revista de Mickey Mouse), como se nos recuerda constantemente en la novela. No sé qué tal dibuja Vitaliano, supongo que bastante bien, pero de lo que estoy seguro es de que escribiendo es realmente bueno. Así lo reflejan sus brillantes diálogos e ingeniosas descripciones.
La mezzaluna di sabbia me ha dejado un sabor de boca excelente, por lo que me gustaría leer más de Vitaliano. Espero de verdad que Siruela tenga previsto publicar más de él.
