EL festín de Baco

EL FESTÍN DE BACO, Ernest George Henham

No era la novela que quería leer, pero… ¡qué suerte que llegara a mis manos accidentalmente! El festín de Baco (1907), de Ernest G. Henham. Un clásico de terror poco conocido y absolutamente maravilloso.

Esta es una de esas obras que parecen haber quedado atrapadas en un pliegue del tiempo, injustamente relegadas a los márgenes de la historia literaria. Y, sin embargo, su lectura resulta hoy sorprendentemente viva, perturbadora y rica en matices.

Sí, he llegado a ella con curiosidad —y quizá con ciertas reservas— y he salido convencido de estar ante una obra singular, infravalorada, que dialoga de forma brillante con el terror filosófico y la tradición clásica.

Publicada a comienzos del siglo XX, la novela se sitúa en la Inglaterra rural, un escenario aparentemente apacible que Henham convierte en terreno fértil para lo inquietante. Lejos de castillos góticos o paisajes exóticos, aquí el horror brota de campos, pueblos y casas respetables. Allí lo pagano, lo salvaje, lo arcano, ha sobrevive al acecho bajo la superficie civilizada a lo largo de los siglos.

El Strath

En un valle apartado y casi siempre cubierto de niebla, en algún punto de la Inglaterra rural, se alza el Strath, una antigua hacienda que los habitantes de Thorlund prefieren rodear antes que mirar de frente. El lugar arrastra una mala fama desde la muerte en la horca de su antiguo dueño, el temido salteador de caminos sir John Hooper.

«Quienes presencian una tragedia sólo perciben las manifestaciones externas de las pasiones de los actores; nada pueden captar de la influencia que obra detrás. Del mismo modo, uno puede ver el árbol atormentado por el viento, pero jamás el viento mismo».

Hay algo extraño en los jardines y salones de la casa. Algo que transforma a quienes ponen sus pies allí y que acaba adueñándose de sus voluntades. Un influjo que atrapará, de uno u otro modos, a los variopintos personajes que forman parte de la trama.

festín de Baco

El título no es casual. Baco (Dioniso), dios del vino, del éxtasis y de la disolución de los límites, preside simbólicamente toda la obra. Henham no escribe una novela de terror al uso, sino algo más sutil y ambicioso: un relato donde el miedo nace de las ideas. Del descubrimiento de que los viejos dioses quizá nunca se marcharon del todo.

“Bajo las formas modernas, los ritos más viejos continúan respirando”

Uno de los aspectos más destacados de The Feast of Bacchus es el despliegue de conocimientos de la cultura clásica (principalmente helénica) del autor, expresados a través del personaje de Berry, «el erudito». Mitología, filosofía, simbolismo… Todo se integra de manera natural en la narración, pero sin cruzar los límites de la pedantería. Al contrario, esas referencias funcionan como capas de sentido que enriquecen el texto y lo vuelven más inquietante. El lector comprende que no está solo ante una historia extraña, sino ante una reflexión sobre el conflicto eterno entre el orden y el caos.

El tono del libro es deliberadamente contenido. No hay grandes explosiones de violencia ni escenas explícitas. El horror se construye de forma progresiva, ladrillo a ladrillo. Henham prefiere apostar por la sugestión, la atmósfera, la inquietud de los personajes. Apuesta ganadora, por cierto.

Que El festín de Baco sea hoy una obra poco conocida dice más de nuestros olvidos que de sus méritos. No es una novela fácil ni complaciente, pero sí profundamente estimulante. Una joya discreta, perturbadora y muy recomendable que llegó a mis manos gracias a Masa Crítica y el buen hacer de Hermida Editores.

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