Hay novelas que juegan con la oscuridad y otras que convierten la luz en una amenaza. A ciegas (2014), de Josh Malerman, pertenece claramente a este segundo grupo. Se trata de una novela de terror psicológico y supervivencia que parte de una premisa tan simple como inquietante: ver puede matarte.
La historia nos sitúa en un mundo postapocalíptico donde una presencia invisible —nunca del todo explicada— provoca la locura y el suicidio en quien la mira. La única forma de sobrevivir es vivir con los ojos vendados, orientarse por el sonido y evitar cualquier contacto visual con el exterior. En ese contexto seguimos a Malorie y a sus dos hijos en un peligroso viaje por el río, una huida física que es también un descenso a los miedos más primarios.
Hay que reconocer que Mallerman explota de forma magistral el terror de lo invisible. El lector comparte la indefensión de los personajes: no sabemos qué hay ahí fuera, no podemos “verlo” ni siquiera con la imaginación. “Si lo ves, ocurre algo en tu mente que no puedes detener.” Una ambigüedad angustiosa que se multiplica por la omisión deliberada por parte del autor de la causa verdadera de la desgracia. Las visiones que hacen enloquecer y morir a la gente.

La estructura narrativa alterna dos líneas temporales: el presente (el desesperado viaje de Malorie por el río, lleno de sonidos extraños y amenazadores) y el pasado que nos explica cómo se llegó a esa situación. Es un buen recurso narrativo, aunque a veces el ritmo se resiente. Hay capítulos muy intensos y otros más repetitivos.
El terror de no poder mirar
La creación de una atmósfera opresiva sin descripciones visuales (imposibles, ya que los personajes viven «a ciegas») es todo un logro. Sin embargo, hay otros aspectos menos pulidos. Por ejemplo, los personajes secundarios son bastante planos y previsibles.
“Cerrar los ojos no era suficiente. El mundo seguía estando ahí.”
Tampoco me acabó de convencer el estilo. En este sentido, de nuevo estamos ante una novela que parece un guion de cine, con frases directas y descriptivas, orientadas a generar tensión, pero sin especial brillo literario. Hay algunas páginas donde se acumulan palabras sueltas y frases cortas seguidas de un punto y aparte. ¡Como si fuera la lista de la compra! Es una percepción muy personal, pero esa forma de escribir me parece un poco tramposa.
Aun así, A ciegas es una obra que logra su objetivo: perturbar al lector. No tanto por escenas explícitas, sino por la constante sensación de amenaza. La idea de vivir sin mirar, de desconfiar de los propios sentidos, cala hondo. No la podría calificar como una obra maestra del terror, pero sí una lectura absorbente con un planteamiento muy original.
