Por razones que escapan a mi entendimiento, Anagrama decidió que la famosa novela corta de Pierre Michon La grande Beune merecía otro título. Y escogió este: El origen del mundo (1996). Estas cosas me irritan un poco, pero a pesar de todo, me animé a leer tan elogiada obra, tal vez con la esperanza de encontrar una explicación.
Esta novela cortísima (apenas 78 páginas), la situación inicial es prometedora. Estamos en el año 1961. La voz narradora es la de un joven maestro de escuela, quien asume su primer puesto en un pueblo de la región del Périgord, todavía rural y salvaje, atravesado por el cauce impetuoso de La Beune. Ademas, situado muy cerca de la famosa cueva de Lascaux, donde se hallan algunas de las pinturas rupestres más antiguas del mundo.
Desde el primer día, el joven profesor queda prendado de Yvonne, la estanquera del pueblo. Una mujer voluptuosa, madre soltera, que se convertirá para él en una verdadera obsesión. El maestro visita el estanco a diario, indaga en su vida, la espía desde la distancia (un acosador en toda regla) y no para hasta descubrir su secreto.

Los ingredientes son buenos: una trama interesante, paisajes evocadores, personajes enigmáticos… Todo aderezado con la incontenible pulsión sexual del maestro de escuela que parece a punto de rebosar en cualquier momento. El autor no intenta suavizar esa obsesión ni convertirla en algo sentimental. La presenta como lo que es: una mezcla de deseo, mito y proyección imaginaria. Allá va una muestra:
(…) mi deseo no había disminuido. Imaginé, en la habitación rojo sangre que apestaba a colillas, barriles y salitre, a todos los bebedores dirigiéndose hacia la noche oscura, a la que nadie puede resistirse. La tabaquera también cedió a esta llamada, levantándose de la cama, echándose el impermeable a la espalda para correr allí, torciendo los tobillos con sus tacones altos. La reina, entrando como el viento, con las manos temblorosas al abrirse el impermeable, y, a mi entera disposición, bajo la mirada pensativa de Hélène tras el mostrador, arrojada desnuda sobre las mesas pegajosas, sobre la máquina de pinball apagada, sacudiendo sus lentejuelas, perdiendo sus ojos blancos, en todas las posiciones, en resumen, donde su cabello negro azabache, sus muslos color horchata, sus nalgas color nácar podían revelarse al máximo, disfrutando desmesuradamente bajo un zorro, sus gritos como los de un águila pescadora cayendo, en cascada por el acantilado, asombrando a los cazadores furtivos agazapados en las orillas del Beune. La destripé. (…)
Michon escribe con una intensidad casi poética, cargando cada frase de resonancias. Cada palabra parece querer abarcar algo más grande que la anécdota: la historia humana, el deseo, el tiempo. Sin embargo, esa misma intensidad puede convertirse también en una debilidad para algunos lectores (ese es mi caso). El argumento es deliberadamente tenue, casi secundario frente al peso de las imágenes y la reflexión simbólica.
Setenta y ocho páginas llenas de frases largas y enrevesadas, una montaña rusa de virtuosismo narrativo, sin un solo respiro. Excesivo. Esta innegable exhibición de talento literario consigue eclipsar la propia historia. En definitiva, El origen del mundo (La Grande Beune), es una obra más cercana a un poema en prosa que a una narración tradicional. Que esta humilde reseña sirva como advertencia para potenciales lectores.
