las uvas de la ira

LAS UVAS DE LA IRA, John Steinbeck

Hay una categoría de libros que tienen la capacidad de tocar el alma del lector y dejarle una marca indeleble en su memoria. Un club muy selecto al que sin duda pertenece Las uvas de la ira (1939), de John Steinbeck.

La historia que se relata en esta obra está circunscrita a un tiempo y un lugar muy concretos, pero la narración trasciende a todos esos límites. Lo que queda es un relato de alcance universal acerca de la injusticia, la desesperación y la supervivencia. Pero también sobre la exaltación de la dignidad humana.

Pasajes de la Gran Depresión

Estamos en los años 30 y Estados Unidos atraviesa la gran crisis económica que hoy se conoce como la Gran Depresión. En las vastas extensiones agrícolas del centro del país (el Dust Bowl), las condiciones de explotación de la tierra han sido modificadas con el objetivo de hacerla más rentable. Eso tiene como consecuencia que miles de campesinos se vean obligados a emigrar hacia el Oeste, huyendo de la miseria. Allí, según se dice, hay trabajo, la posibilidad de tener un futuro.

Tom Joad, el principal protagonista, regresa a casa después de cumplir una condena por homicidio. Lo que se encuentra allí es a su familia a punto de partir rumbo a California, la «tierra prometida». Este es el inicio del penoso éxodo de los Joad, una larga marcha llena de dificultades y penalidades.

Cartel de la adaptación al cine de «Las uvas de la ira», en 1940, con la magistral actuación de Henry Fonda en el papel de Tom Joad.

Pero al final del camino las ilusiones se desvanecen poco a poco. Lo que se encuentran allí es una situación aún más terrible: no hay trabajo para todos, por lo cual los Joad se ven obligados a aceptar salarios insuficientes y condiciones laborales indignas. No hay otra salida: hay que alimentar a la familia.

De hecho, la familia, en concreto la figura de Madre, se erige en las páginas de esta obra como el único bastión capaz de resistir en medio de la tormenta. Todo puede fallar, menos la familia. Un elogio a las virtudes del sacrificio y la lealtad, tan pasadas de moda en nuestro mundo actual.

«Ella parecía conocer y aceptar con agrado su papel: la ciudadela de la familia, la fortaleza que no podía ser tomada. Y, dado que el viejo Tom y los niños no podían conocer el dolor o el miedo a menos que ella reconociera el dolor o el miedo, había practicado negárselos a sí misma».

Más allá de la denuncia

Esta monumental novela pretendió ser una gran denuncia, como dijo el propio Steinbeck, hacia «los codiciosos cabrones que han causado esto». Esa denuncia no solo versa sobre la desigualdad y sus efectos económicos, sino que también señala la huella psicológica que aquel despropósito dejó en cientos de miles de personas, despojadas de su dignidad y de su lugar en el mundo. Ser tan explícito e incisivo le costó a Steinbeck la acusación de simpatizar con el comunismo (sobre todo a causa de los episodios donde parece alabar la autogestión de los campos de trabajadores y el surgimiento espontáneo de una suerte de líderes sindicales), acusación que en aquella época le pudo haber acarreado muchos problemas.

«Aquí hay un delito que va más allá de la denuncia. Hay aquí un dolor que el llanto no puede simbolizar. Aquí hay un fracaso que derriba todo nuestro éxito».

Antes de publicar Grapes of Wrath, Steinbeck ya había escrito mucho en la prensa acerca del tema. De hecho, en la novela se intercalan fragmentos de esos artículos que confieren un plus de realismo a la historia de la familia Joad. El método al que recurre es el de mostrar la tragedia en dos escalas: una pequeña, centrada en los personajes de la novela, y otra grande, contando la historia en general. En todo momento se deja sentir el sello del autor, con su empatía y su compasión.

Las uvas de la ira es una novela eterna, escrita desde las entrañas. Una lectura que logra emocionar y enfurecer al lector, pero que a pesar de todo esconde un mensaje de reconciliación y de esperanza. Imprescindible.

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