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EL DEMONIO DE LAPLACE, Antonio Guisado

«Una inteligencia para la que nada sería incierto y el pasado, al igual que el futuro, serían presente ante sus ojos». Así, más o menos, es como en 1809 el matemático y filósofo francés Pierre-Simon Laplace planteó una curiosa idea que pretendía ilustrar el concepto de lo que hoy conocemos como determinismo científico. Y aunque nunca utilizó la palabra «demonio», fue así como se popularizó.

Recogiendo esta estimulante idea, Antonio Guisado construye una novela negra. Muy negra. Negrísima: El Demonio de Laplace (Ed. Siruela, 2024).

La preciosa y siempre luminosa ciudad de Sevilla se convierte en el escenario oscuro de una trama con tintes sobrenaturales donde un asesino de gatos acaba convirtiéndose en un asesino de personas. Una historia terrible con no pocos giros imprevistos que aboca a algunos de los personajes al desastre, descolocando al lector (al menos, ese fue mi caso). Pido disculpas si esta descripción de la trama plantea más dudas que explicaciones, pero este es un libro que debe ser leído sin demasiada información previa. Es la mejor manera de disfrutarlo.

La gravedad de la investigación policial, el peso de la tragedia humana y el terror ciego que aderezan esta historia encuentran su contrapeso en la peculiar prosa de Guisado, llena de ironía y salpicada de guiños al lector. Entiendo que ese «alivio» podría parecer inconveniente o incluso resultar molesto para algunas personas, pero para mí es lo que aporta ese toque a la novela para que sea única y no una más del montón.

Antonio Guisado es un autor que puede gustar más o menos (a mí me parece muy interesante), pero hay algo que nadie puede negarle: el hecho de poseer un estilo propio, único, que lo distingue del resto. Eso es algo tan difícil de lograr hoy en día que merece ser destacado. Ese estilo ya está presente en sus anteriores novelas (Cuervos blancos, palomas negras y La muñeca), pero aquí luce de una manera más precisa y contenida, diría que más madura, aunque sin perder su esencia.

Por último, hay que hablar de la reflexión de fondo que flota durante toda la narración, con un notable peso filosófico: ¿Existe el libre albedrío o está el destino ya escrito? Ese es el juego que se nos propone a los lectores, en el que se alza la inquietante figura de un personaje difícil de olvidar, humano o demonio, que realmente da escalofríos.

Por todo esto, El demonio de Laplace es una lectura que sin duda recomiendo.

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