la central

LA CENTRAL, Élisabeth Filhol

Este año Anagrama ha tenido la feliz idea de publicar en español una breve novela que ya tiene algunos años: La central (2010), de Élisabeth Filhol. Una pequeña pieza narrativa que deja en el lector un desagradable sabor metálico en la boca.

«En los últimos seis meses han fallecido tres empleados, tres agentes estatutarios que desempeñaban cada uno una función de gestión o control«. La primera frase del libro actúa como un poderoso gancho sobre el lector. Y mantiene su atención hasta el final.

Estas muertes son las de los ingenieros que se suicidaron en la central nuclear de Chinon en 2007. Yann, protagonista y voz narradora, asiste a la acción sindical organizada para denunciar las condiciones laborales del sector, pero no se involucra. Él está de paso, solo las semanas que dure la «parada de mantenimiento». No quiere problemas.

Sin embargo, Yann acabará siendo víctima de algo de lo que nadie habla, pero todo el mundo teme: un accidente. Mientras trabaja reparando una tubería con otros compañeros en una zona de alta radiactividad, queda expuesto a una dosis demasiado alta de radiación.

Se aplican los protocolos pertinentes y los acontecimientos se desencadenan de forma inevitable: las revisiones médicas, la suspensión temporal para trabajar en instalaciones de energía nuclear, las incómodas miradas de los compañeros y la sensación de estar sumido en una inmensa soledad.

La Centrale es una narración sobria y oscura que pretende denunciar las condiciones laborales de los trabajadores de las centrales nucleares en Francia. No sé si las cosas habrán mejorado o empeorado durante el tiempo transcurrido entre que se publicara este texto y hoy, pero el escenario que dibuja Filhol es inquietante.

La autora pone el acento en los eufemismos utilizados por las autoridades y sus subcontratas. También critica la aparente invisibilidad, a ojos del público y de la prensa, de un panorama que parece realmente desolador: malas condiciones de seguridad, falta de protección sindical en un sector donde la movilidad y la temporalidad son la norma, el miedo mudo de los trabajadores y sus familias, la imposibilidad de construir un proyecto vital… Esa es la vida de Yann, Loïc, Jean-Yves, Bernard y otros.

En lugar de quejarse o de protestar, los trabajadores simplemente aceptan esta realidad. En parte por vergüenza, en parte por miedo a perder lo poco que tienen (la alternativa es quedar excluídos del circuito, pasar a engrosar las filas del paro). No hay nada de lo que hablar, porque todo el mundo sabe lo que hay y no vale la pena repetirlo. Los silencios entre ellos son elocuentes.

«De esta manera es cómo cada uno se reconoce en el otro, en la carretera, en la parada de la tarde, en una obra… Emplea el mismo apretón de manos, usa la misma jerga que tú. Porque dos personas son suficientes, constituyen un círculo mágico«.

Esa resignación pesa como ellos como una losa y también alcanza al lector, que pasa las páginas en busca de alguna clase de reacción que parece no llegar nunca.

En resumen, La Central es una novela corta y triste, a veces un poco lenta y fría, tal vez demasiado técnica en algunos pasajes, pero que tiene la virtud de abrirnos los ojos a una realidad poco conocida.

2 comentarios en “LA CENTRAL, Élisabeth Filhol

  1. ¡Hola! Por desgracia este tipo de «ficciones» son demasiado comunes, sin importar del país que vengan siempre caen en las prácticas, por desgracia las compañías que abusan de sus empleados y tratan de mantener escondidas sus prácticas abundan en todo el mundo. Interesante lectura pero no creo que sea para mí. ¡Saludos!

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