una voz en la noche

UNA VOZ EN LA NOCHE, Andrea Camilleri

Salvo Montalbano tiene ya cincuenta y ocho años, aunque mantiene su espíritu obstinadamente intacto: no alberga ninguna intención de dejarse condicionar ni por fuerzas políticas comprometidas con la Mafia, ni por jueces asustados, ni por la prensa que azuza a la opinión pública en su contra. Así está el panorama en la 21ª entrega de la saga: Una voz en la noche (2012)

Guido Nicotra, director de un supermercado de Vigata, es encontrado ahorcado en su oficina después del robo de la recaudación diaria. ¿Un suicidio? Gracias a las pesquisas de Fazio, la discreta y eficaz mano derecha de nuestro comisario, Montalbano se huele que detrás del crimen está el propio dueño de la cadena de supermercados, un tal Mongibello, y la organización mafiosa del los Cuffaro, a la que ya conocemos de otras novelas de la saga.

Antes de su muerte, Nicotra había sido interrogado por Fazio, dando muestras de gran nerviosismo. El aparente robo deja muchas dudas: Nadie ha forzado la caja fuerte, sino que se ha accedido a ella como si los ladrones dispusieran de las llaves. La sospecha crece cuando el informe forense revela que Nicotra en realidad ha sido asesinado, tratando sus asesinos de escenificar un suicidio de forma un tanto torpe.

Paralelamente, la comisaría de Vigatà se encuentra con otro homicidio que resolver: el de Mariangela, una joven apuñalada hasta la muerte en su propio domicilio. Las sospechas apuntan a su novio, un tal Giovanni Strangio, hijo de un importante cargo político local. Sin embargo, Strangio tiene una coartada sólida: puede demostrar que estaba en Roma por trabajo el día del asesinato.

De forma un tanto sorprendente, la investigación de este caso llevará a Montalbano y los suyos a la resolución del otro, el del falso suicidio de Nicotra, gracias a un descubrimiento inesperado.

Creo que se podría incluir a Una voce di notte en el top 5 de mejores novelas de la saga. No solo por la excelente calidad narrativa del maestro y la originalidad de la trama, sino también por la valentía de Camilleri (emulando aquí a su maestro Leonardo Sciacia) a la hora de abordar el gran tema tabú en su Sicilia natal: el de la Mafia y sus conexiones con el mundo de la política. Y de ahí, con la judicatura, la prensa, etc.

“Los periodistas como Ragonese sólo escuchan una versión, la de sus amos, porque tienen el alma de siervos.”

Cierto que, como siempre indica el autor al final de sus obras, «todo es pura ficción», pero no resulta complicado entender que lo que se cuenta en estas páginas es un reflejo de una perturbadora realidad.

En este sentido, hay que señalar que, a pesar de haber sido publicada en 2012, esta novela fue escrita muchos años antes. ¿Por qué vio la luz tan tarde? El propio Camilleri apunta en el apéndice final que el lector debe pedirle explicaciones a la editorial, y no a él. Una señal más de lo incómodo (y tal vez peligroso) que puede resultar en aquellas tierras tratar ciertos temas.

Un comentario en “UNA VOZ EN LA NOCHE, Andrea Camilleri

  1. Estaba escrito que Andrea Camilleri y Petros Márkaris no se cruzarían con sus comisarios al salir del restaurante. Se sentaron en una terraza frente al mar para comentar la propuesta de la agencia debajo de una sombrilla. Café y licor, la pipa del griego, los cigarrillos del italiano, risas. Recuerdos de Manolo. Sus poetas favoritos. Márkaris le achaca debilidad por Pavese, Camilleri por Kavafis. Machado, Cernuda, Gil de Biedma, Eliot. Brindaron y miraron pasar las garotas de la Barceloneta caminho do mar.Sus personajes, Jaritos y Montalbano, acababan de conocerse en el restaurante. Tonia y Moré, ya con hambre, asistieron a la repetición de la ceremonia. Presentación, carta, elección de platos. Los comisarios no encontraron un idioma común y la traductora tuvo que esforzarse. Jaritos pidió arroz con calamares y sobrasada. Montalbano dudó. Hizo a Malik preguntas de tercer grado y se decidió por un suquet de rape y gambas. Moré eligió el plato más caro y blanco del Penedés. Pagaba la agencia, le podía costar una bronca. No parecía intimidado. Tonia se apuntó a unas berenjenas con miel.—¿Quién es Pujol?

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