
Vamos a aliviar los calores estivales con una anécdota refrescante. Y también un pelín bochornosa. Puede que fuera la gota que colmara el vaso y me empujara a tomar la decisión de eliminar la pestaña «Escribo la reseña de tu libro» de este blog.
Quien me siga, ya sabrá que he repetido muchas veces que hay por ahí un montón de autores de talento, por desgracia desconocidos para el gran público. Sistemáticamente ignorados por las editoriales, estos se enfrentan con grandes dificultades a la hora de dar a conocer sus novelas. Por mucho que esto haya cambiado gracias a la autoedición, los obstáculos para los autores independientes siguen siendo formidables.
Yo pensaba que las reseñas en blogs como el mío, frecuentados sobre todo por aficionados a la literatura, ofrecían una forma humilde pero respetable de dar cierta difusión a estas obras. Un modesto recurso con el que los autores independientes podrían contar.
En estos años, me he encontrado de todo:
- Obras magníficas de calidad incuestionable, condenadas de forma injusta a permanecer en la sombra.
- Libros interesantes, generalmente bien escritos, aunque en algunos casos necesitados de alguna clase de revisión.
- Libros de baja calidad, escritos con mucha ilusión y buena voluntad, pero con un resultado mejorable.
- Lecturas infumables (debo decir que sólo recuerdo 1 ó 2 de esta categoría) firmadas por personas que, lo creo honestamente, deberían dedicarse a otra cosa.
Sé de buena tinta que la escritura es un oficio muy complejo, por eso hay que felicitar siempre a quien, más allá del resultado final, haya tenido la audacia de embarcarse en la empresa de escribir y publicar un libro. Todo mi reconocimiento para ellos.
Yo siempre trato de ser honesto en mis reseñas, destacando los aspectos positivos y señalando de forma discreta los negativos (o, al menos, los que subjetivamente me parecen así), siempre con el máximo respeto hacia el autor, sea famoso o no. Pero esta sinceridad no siempre ha sido bien aceptada por ciertos autores noveles o aficionados.
«No me interesa tu opinión…»
Con el tiempo, me encontré con un aluvión de peticiones de autores independientes que me solicitaban una «reseña sincera» y algo de difusión en las opiniones de Amazon, la web de Babelio, etc. Yo procuraba atender a todo el mundo amablemente, pero acabé viéndome desbordado. Así que me vi obligado a rechazar algunas peticiones y, en ocasiones, pedir una pequeña contribución para el blog. Algo que compensara tantas y tantas horas a la lectura «por encargo». También, por norma, compartía mi reseña con el autor antes de publicarla. Y solo la publicaba si me daba la autorización.
Y así, un buen día, me topé con una sorprendente respuesta (omito los insultos que venían de aderezo):
Después de ver tu reseña, me lo he pensado mejor. No me interesa tu opinión acerca de mi libro. Escribes fatal. Me haría un flaco favor que escribieras sobre mí.
Antes sí le interesaba mi opinión, pero ahora que no era la que pensaba que se merecía, ya no. Y, de paso, me dedicaba algunos bonitos improperios. No le di más importancia al asunto. Supuse que el ego del autor era más grande que sus modales. Evidentemente, yo no era digno de leer ni mucho menos reseñar la excelsa creación de un escritor que, a todas luces, se situaba en una esfera muy superior. Decidí que no valía la pena responder.
Sin embargo, después del exabrupto, parece ser que este magnífico literato reflexionó y unos días después me volvió a escribir. Esta segunda vez fue un correo kilométrico en el que me presentaba sus disculpas y, con diversos argumentos, trataba de justificar el mal tono de su primer mensaje. Pero lo mejor es que, en un increíble giro de guion, me proponía un generoso pago a cambio de una reseña «amable».
De nuevo volví a ignorar el mensaje. ¿Qué otra cosa podía hacer? Para mí, este blog es un entretenimiento y un punto de encuentro con otras personas con las que comparto aficiones e intereses. Para malos rollos ya están otros ámbitos de mi vida de los que, por desgracia, no siempre puedo escapar.
Así que, desde entonces, sólo acepto leer y hacer reseñas de forma muy puntual y muy escogida. Sirva esto de explicación para aquellos que han tenido el detalle de dirigirse a mí, lo cual agradezco de corazón, y a los que he tenido que decir que no. He comprendido que, como dicen los chavales de hoy en día: «no me renta».
Nombre del «literato»?
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De momento vamos a mantenerlo en el anonimato 🙂
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Vaya personaje, hasta Héctor Salmón parece un tipo con clase a su lado 😆
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¿Sería Héctor Salmón con pseudónimo?
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