Doce relatos de terror cotidiano que han conseguido erizarme la piel. Un lugar soleado para gente sombría (2024), de Mariana Enríquez, es una recopilación de magníficas narraciones cortas que nos plantean toda clase de escenarios siniestros perturbadoramente cercanos.
Todos estos cuentos están imbricados en la realidad de la Argentina en crisis: pobreza, violencia, desapariciones, exclusión… En ellos se introduce algún ingrediente oscuro (no siempre sobrenatural) que sacude y horroriza al lector de alguna manera. A mí, sin ir más lejos, esta lectura me ha dejado una difusa sensación de desasosiego e inquietud que, precisamente, es lo que me hace pensar que el objetivo de la autora se ha cumplido.
Lógicamente, algunos de los textos me han parecido más brillantes que los otros (aunque todos aprueban con nota).
Los pájaros de la noche es un relato eminentemente gótico, aunque ambientado en el norte de Argentina. Dos hermanas viven bajo la tutela de una abuela extraña en una casa decadente. Una de ellas cree estar muerta. Es uno de los cuentos más líricos y poéticos de esta selección, donde el miedo se transforma en una fábula oscura sobre herencias, maldiciones y enfermedades.

En los otros relatos, Mariana Enríquez nos plantea situaciones desconcertantes e incomprensibles, hurgando en los temores más ocultos de muchos de nosotros. Especialmente en los de las mujeres. Todos tienen algo que acaba «tocando» al lector, a veces provocándole un desagradable escalofrío y otras veces dejándole sumido en tenebrosas reflexiones.
Pero son dos los cuentos que me gustaría destacar. Por un lado, Ojos negros, protagonizado por una trabajadora social que reparte comida a niños de barrios pobres. Un día, se topa con un grupo de pequeños cuyos ojos son completamente negros, ominosos, desprovistos de vida. Aquí la autora roza lo lovecraftiano: lo sobrenatural irrumpe sin explicación, como una anomalía incomprensible que simboliza la marginalidad radical.
No menos angustioso es el relato titulado El artista local. Una joven pareja decide pasar unos días en un pueblo «donde ya no llega el tren», al encuentro de un misterioso artista creador de obras grotescas. Este relato juega con la incomodidad del arte y el terror rural, donde una comunidad aislada esconde terribles secretos. Es la vieja fórmula del “pueblo maldito” que tan bien funciona.
Más allá del contenido, la escritura de Mariana Enríquez es precisa e hipnótica, instrumento que usa con pericia para crear atmósferas densas y opresivas. Al final, la sensación que le queda en el lector es que lo verdaderamente terrorífico no es lo sobrenatural, sino lo que aceptamos sin cuestionar en nuestra vida diaria. Muy bueno.

No conocía esta autora, tiene muy buena pinta.
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Hola Gaby.
Para mí fue también un feliz descubrimiento. Voy a leer más de ella, sin duda.
Un saludo.
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