«No sé qué sería de mí sin los blogs literarios». Una novela, cuya voz narradora ya anuncia esto en las primeras páginas, creo que merece ser leída. Pero eso no es lo único (ni mucho menos) que hace de Ocho asesinatos perfectos (2020), de Peter Swanson, una lectura tan interesante.
Es recomendable sobre todo para los amantes de las novelas de detectives, esas en las que nos encontramos con asesinatos misteriosos, criminales con talento y atmósferas sugerentes. Pero entretenida también para cualquier clase de lector.
El autor construye una historia inquietante, cerebral y sorprendentemente íntima, donde el verdadero suspense no reside solo en descubrir “quién lo hizo”, sino en entender por qué ciertas ideas tienen el poder de convertirse en actos.
El protagonista, Malcolm Kershaw, es el dueño de «Los viejos demonios», una pequeña librería de Boston especializada en novela policíaca Años atrás, escribió un artículo para un blog en el que enumeraba lo que, a su juicio, eran los asesinatos más “perfectos” de la historia de la ficción criminal. La lista —inspirada en clásicos del género— parecía un simple ejercicio intelectual. Sin embargo, cuando una serie de crímenes reales comienza a reflejar inquietantemente esos patrones literarios, el pasado aparentemente inocuo de Malcolm adquiere un peso perturbador.

Es el propio Malcolm quien narra la historia. Cuidado, porque es un narrador un poco tramposo, porque hay cosas que oculta deliberadamente al lector, para revelarlas más tarde y obligarlo a reconsiderar todo lo que ha leído hasta ese momento. Todo esto resulta un tanto confuso, pero al mismo tiempo original y estimulante.
Un paseo por el género detectivesco
Uno de los aspectos más atractivos de Ocho asesinatos perfectos es su diálogo constante con la tradición del género. Swanson, más allá de rendir homenaje a autores clásicos, utiliza sus estructuras para explorar una idea inquietante: ¿qué ocurre cuando la ficción se toma como manual?
De esta manera, Ocho asesinatos perfectos deja de ser solo un entretenimiento para trascender a otro nivel. La obra contiene una reflexión sobre la responsabilidad del creador, del lector y del intérprete. El crimen no aparece aquí como un estallido impulsivo, sino como algo cuidadosamente diseñado, casi estético, lo que genera una incomodidad persistente.

Swanson presenta interesantes reflexiones en torno a temas como la culpa, la complicidad y la obsesión. Malcolm no es un detective tradicional, ni un ejemplo a seguir en cuanto a moralidad. Simplemente es un hombre común atrapado entre su amor por la ficción criminal y las consecuencias inesperadas de haberla analizado con excesivo entusiasmo.
Por último, hay que destacar que a lo largo de la novela se citan innumerables títulos, algunos de ellos brevemente comentados, ya que en algunos de ellos hay pistas relacionadas con los crímenes que se cometen. Afortunadamente podemos encontrar estos libros listados en un anexo final (yo ya he tomado buena nota de algunos de ellos para próximas lecturas).
En conclusión, Ocho asesinatos perfectos es una novela inteligente, inquietante y oscura. Interesante sin tener que recurrir a grandes artificios ni a violencia gratuita. Como toda buena historia de crimen que se precie, aquí el mayor misterio no es el asesinato, sino la mente que lo concibe.

Hola, Daniel. El argumento recuerda a «Irene», la novela de Pierre Lemaitre. Esa no me gustó, recuerdo que era un tanto truculenta y desagradable. Parece que esta puede tener un enfoque más interesante. La apunto. Saludos 🙂
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Hola Juan. No he leído esa novela, así que no puedo comprar. Pero sí te puedo decir que en esta no hay nada demasiado truculento. Más bien al contrario, se respira cierta atmósfera de novela de misterio clásica.
¡Te mando un saludo y te deseo que pases felices fiestas!
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¡Felices fiestas, Daniel!
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