Mucho antes de que la novela gráfica 300 y su adaptación cinematográfica pusieran de nuevo de moda a los espartanos, muchos estudiosos e historiadores ya habían sucumbido a la fascinación por aquella singular ciudad-estado de la antigua Grecia. Una civilización que resultaba, ya incluso para sus propios contemporáneos, una anomalía admirable y detestable a partes iguales.
Para no perderse en el tedio manuales y estudios más sesudos acerca de los lacedemonios (así eran conocidos los espartanos en su época), existe una novela histórica maravillosa que nos lleva de la mano al corazón de la vieja Esparta y, por extensión, a toda la Grecia clásica. Se trata de La canción de la cabra (1967), de Frank Yerby, obra que ha sido largamente elogiada por su rigor histórico, aunque también por su calidad narrativa.
La acción transcurre durante la Guerra del Peloponeso, aquella contienda fratricida que enfrento a las dos grandes potencias helénicas y sus respectivos aliados después de expulsar a los invasores persas. El protagonista es el espartano Aristón, un hombre perseguido por sus decisiones, por la culpa y por un destino del que parece imposible escapar.
La odisea individual de Aristón es el pretexto ideal para que Yerby despliegue sus vastos conocimientos sobre el mundo griego: la rígida sociedad espartana, la esclavitud, la vida de los metecos, el comercio, la guerra y la compleja civilización ateniense.
Uno de los aspectos que más me gustan de esta novela es que nos ofrece una visión muy realista de la Grecia antigua, bastante alejada de la imagen idealizada que a menudo tenemos de ella. Yerby no presenta un mundo de filósofos vestidos con túnicas blancas discutiendo tranquilamente sobre democracia y belleza. Su Grecia es un lugar violento, desigual y lleno de contradicciones. La guerra, la esclavitud, la sexualidad (un tema controvertido en el que aún hoy los historiadores no se ponen de acuerdo), la posición subordinada de muchas mujeres y la brutalidad de determinadas costumbres forman parte natural del paisaje humano de la novela.
A diferencia de otros autores (muchos de ellos más famosos y más leídos) Yerby intenta que el lector comprenda que los griegos, pese a ser una de las raíces fundamentales de la cultura occidental, vivían según valores que en muchos aspectos nos resultarían hoy profundamente extraños.
La novela posee además una fuerte dimensión trágica. El propio título remite, de alguna manera, a la idea de tragedia y sacrificio (la palabra tragedia, de origen griego, significa literalmente «el canto de la cabra»). Aristón no es un héroe impecable ni un simple juguete del destino. Es un personaje complejo, capaz de sufrir, equivocarse y provocar dolor. Su recorrido está marcado por un profundo sentimiento de culpa y por la búsqueda, casi desesperada, de alguna forma de redención.
A destacar también la solvencia de Frank Yerby como narrador. La novela es extensa y ambiciosa, pero mantiene constantemente la sensación de estar acompañando a un personaje cuya vida puede cambiar de forma radical en cualquier momento. Hay aventuras, guerras, pasiones, intrigas y episodios históricos, pero el libro no se limita a encadenar acontecimientos. Detrás de todo ello existe una reflexión sobre la culpa, el destino, la violencia y la responsabilidad individual.
En suma, La canción de la cabra es una magnífica novela histórica para quien busque algo más que una simple aventura ambientada en la Antigüedad. Es una obra intensa, a veces dura, pero también extraordinariamente rica en personajes, escenarios y conflictos morales. De lo mejor que he podido leer dentro de este género. Muy recomendable.
