
Lo admito: a veces tengo mis prejuicios cuando se trata de esos escritores con los que todo el mundo, de forma unánime y uniforme, se deshace en elogios. Ahí voy un poco a cuchillo. Sin embargo, Paul Auster, que nos dejó hace ahora dos años, es la excepción a la regla. Todo lo que he leído de él me parece interesante y original. Sirva de ejemplo La noche del oráculo (2002).
Cuando uno se lanza a las páginas de esta extraña novela, es casi imposible dejar de leerla. A pesar de ser relativamente corta (apenas 240 páginas) contiene innumerables y fascinantes historias, que van apareciendo una tras otra, amontonándose hasta dar forma a un único relato extrañamente estructurado y lleno de sentido. Una fabulosa montaña rusa.
En Oracle Night hay dos líneas narrativas centrales, ambas contadas por Sidney Orr, un escritor neoyorquino que se recupera de una enfermedad supuestamente mortal de la que ha logrado reponerse. Vive atenazado por el famoso «bloqueo creativo» del escritor hasta que descubre una libreta azul en una pequeña papelería de existencia efímera («El Palacio de papel») regentada por un desconcertante personaje llamado Chang.
El cuaderno azul le permite a Orr escribir una historia (que es la segunda línea narrativa de la novela) que voy a omitir en esta reseña. ¿Por qué? Bueno, en primer lugar por aquello de no desvelar demasiado la trama y el verdadero corazón del libro, pero también porque se trata de una historia muy compleja. Es mejor leerla que buscar un rápido e insuficiente resumen en un blog.

Hay grandes momentos en La noche del oráculo. Por ejemplo, cuando Orr entra en la papelería y descubre el cuaderno azul, alcanzando una especie de éxtasis. O cuando empieza de nuevo a escribir, como si estuviera impulsado por un poder oculto. También destaca ese instante, en la historia que se narra dentro de la historia, en el que el personaje toma una decisión trascendental, transmitiendo al lector una inexplicable sensación de haber alcanzado la libertad.
Uno de los grandes temas de La noche del oráculo es la escritura, no solo entendida como una profesión o como una forma de expresión artística, sino como una fuerza capaz de transformar nuestra manera de comprender el mundo.
«—Los pensamientos son reales —sentenció—. las palabras son reales. Todo lo humano es real, y aveces conocemos las cosas antes de que sucedan, aun cuando no seamos conscientes de ello. Vivimos en el presente, pero el futuro está siempre en nosotros. Puede que el escribir se reduzca a eso, Sid. No a consignar los hechos del pasado, sino a hacer que sucedan cosas en el futuro.»
Los seguidores de Auster reconocerán en esta obra algunas de sus obsesiones habituales: el azar, las coincidencias aparentemente insignificantes, las identidades ambiguas y la fragilidad de la existencia. Pero en esta ocasión todo gira especialmente alrededor de la ficción. Las historias nacen unas de otras, se interrumpen, se cruzan y abren nuevas posibilidades. El resultado es una novela que parece construirse ante nuestros ojos, como si el propio lector estuviera asistiendo al proceso creativo.
Me atrevería a afirmar que La noche del oráculo es la obra que mejor representa el universo literario de este escritor. Recomendable para quienes disfrutan de las novelas que hablan sobre la literatura, para los lectores interesados en los mecanismos de la ficción y, por supuesto, para los devotos de Paul Auster.
Y un último pensamiento: después de leer este libro, queda en el lector la sensación extraña de que las historias nunca son completamente inocentes y que, una vez empezamos a contarlas, podemso llegar a perder el control sobre ellas.