No imagino mejor forma de inaugurar este blog que hablando del primer libro de ciencia ficción que cayó en mis manos, el que de un solo plumazo me introdujo en el género en mis años más tiernos y al mismo tiempo despertó mi fascinación por este autor: Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne.
La historia de Voyage au Centre de la Terre, novela publicada en 1864, es bien conocida por el gran público, siendo esta obra una de las más famosas de la abundante producción verniana.
El argumento también es conocido: un profesor alemán llamado Otto Lidenbrock descubre un pergamino que contiene un texto escrito en unos caracteres desconocidos. Al descifrarlos puede leer el sorprendente mensaje: su autor, un sabio islandés del siglo XVI llamado Arne Saknussem, afirma haber viajado al centro de la Tierra.
Lidenbrock no dudará en lanzarse a la aventura de seguir los pasos de Saknussem acompañado por su sobrino Axel, que narra la aventura en primera persona, y un guía islandés, frío como el hielo, de nombre Hans.
La puerta de entrada a este misterioso mundo subterráneo es el cráter del volcán Hekla, en Islandia. En su descenso al corazón del planeta afrontarán toda clase de peripecias y descubrirán animales prehistóricos que han logrado sobrevivir bajo la corteza terrestre, hongos gigantes, civilizaciones perdidas, la existencia de un gran mar interior y algo tan asombroso (pero necesario para el desarrollo de la aventura) como una iluminación interior de origen eléctrico.
La teoría de la Tierra Hueca
Verne basó su fantástica novela en una delirante teoría científica que gozó de cierto predicamento en su época (y que increíblemente ahora vuelve a estar de moda en ciertos círculos), la teoría de la Tierra Hueca.

Dicha teoría defiende la existencia de dos aperturas en los polos terrestres que dan acceso a un inframundo habitado por un raza superior y en el que se ubica un sol interior. El mismísimo Edmund Halley, descubridor del cometa que lleva su nombre, fue un firme defensor de esta teoría.
Sin embargo, es poco probable que Verne creyera en ella. De hecho, en una obra posterior (Las aventuras del Capitán Hatteras, escrita solo un año después de Viaje al centro de la Tierra), pone en boca de uno de los personajes, el doctor Clawbonny, un razonamiento que echa por tierra toda esta teoría.
Curiosamente en cierto momento de la novela Axel le explica a su tío uno de los principales obstáculos que deberían imposibilitar a la expedición llegar al centro del planeta:
“Es perfectamente conocido que el calor aumenta aproximadamente un grado por cada sesenta pies de profundidad bajo la superficie del globo. Por lo tanto, admitiendo esta proporcionalidad constante y dado que el radio terrestre tiene mil quinientas leguas, en el centro existe una temperatura que sobrepasa los doscientos mil grados”
Pero por suerte para el lector Lidenbrock hizo caso omiso a estas advertencias y la ciencia dejó paso a la fantasía.
Una profecía científica no cumplida
Verne escribió De la Tierra a la Luna en 1865 y poco más de un siglo más tarde su “profecía” se convertía en realidad. No podemos decir lo mismo de este fabuloso viaje, imposible de realizar, y que pone en entredicho su fama de visionario. Pero no importa: lo que debemos realmente destacar de Viaje al centro de la Tierra es el sabor de la aventura en estado puro, con sus correspondientes dosis de misterio y veracidad.
Son muchos los momentos emocionantes de esta novela. Se suele juzgar injustamente a Verne como un autor de segunda, y a sus novelas de “literatura para adolescentes”, pero en realidad sus escritos son capaces en determinados momentos de transmitir emociones de manera magistral.

Recuerdo por ejemplo cuando leí por primera vez el capítulo en el que Axel, desorientado y agotado tras deambular por galerías y cavernas, pierde el contacto con sus compañeros y vaga sin rumbo hasta que se extingue la luz de su lámpara de aceite. Atrapado a kilómetros de la superficie en una oscuridad absoluta, siente una soledad angustiosa e infinita que yo también sentí mientras leía:
“Jamás soledad alguna fue semejante a la mía: nunca hubo abandono tan completo”
Por último, cabe señalar que de las numerosas adaptaciones cinematográficas de esta novela que se han llevado a cabo destaca Viaje al centro de la Tierra, de Henry Levin (1959), que posee todo el sabor de las viejas producciones clásicas de cine. Fue rodada en las grutas de Carlsbad, Nuevo México, y contaba en el reparto con un gran James Mason en el papel del Doctor Lindenbrock. No es mejor que el libro, pero sí bastante fiel al texto original y muy entretenida.
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Hola Humilde Lector ¿cómo estás?
Mi pregunta para ti es: ¿por qué en el blog está escrito el nombre del volcán del libro como “Hekla”, si en el libro de narra que el volcán que lleva al centro de la tierra se llama “Sneffells”?
Mi aporte para ti es:
El segundo libro de Julio Verne que leí fue, precisamente, “Viaje al centro de la tierra” y me gustó muchísimo porque combina ciencia ficción, aventuras y algunas situaciones reales.
Disfruté mucho el final, ya que fue algo inesperado. Me gustó mucho el vocabulario que usa Julio Verne en sus libros y disfruto mucho leerlos.
Hasta la próxima, Humilde Lector.
Coral Arroyave Restrepo
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Hola Coral.
Pues la respuesta a tu pregunta es muy simple: es un error mío. La memoria me traicionó cunado escribí este post y di por hecho que el volcán que se menciona en el libro de Verne era el Hekla, así que agradezco tu observación 🙂
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La magia de los libros de Julio Verne sin duda se encuentra en la capacidad de hacernos viajar por mundos imposibles desde la razón. Nos reta a imaginar y es allí donde me surge una pregunta, y es ¿si justamente porque requiere de la imaginación que se ha llegado a pensar que Julio Verne solo escribe para adolecentes? Porque, aunque sus obras se han editado en los últimos tiempos de forma que lo mas “complejo” se quite y se deje solo el contenido de aventura lo que hace que sea dirigido a esta población, esto no quiere decir que el autor escribiera solo para jóvenes, y también es importante recordar que la literatura es para todos. No hay edad para leer un libro. Y los de Julio Verne no son la excepción.
Sara botero villa
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Completamente de acuerdo con tu comentario, Sara. Un saludo.
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Uno de los aspectos que más me llamó la atención del blog es que destaca cómo Julio Verne fue capaz de combinar elementos científicos con una imaginación extraordinaria para crear una aventura inolvidable. Aunque hoy sabemos que llegar al centro de la Tierra es imposible, el autor logra que el lector se sumerja por completo en la expedición de Lidenbrock, Axel y Hans. Además, me pareció interesante que el blog mencione que muchas personas consideran a Verne un escritor únicamente para adolescentes, cuando en realidad sus obras contienen reflexiones sobre la ciencia, el conocimiento y la condición humana que pueden ser apreciadas por lectores de cualquier edad.
A partir de esto surge mi pregunta: si el propio Verne conocía las limitaciones científicas de la teoría de la Tierra Hueca, ¿cree el autor del blog que el éxito de la novela se debe más a la imaginación y al sentido de aventura que a su relación con la ciencia?
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