LA IGUANA, Alberto Vázquez-Figueroa

la-iguana_9788427040250Lo primero que leí de Alberto Vázquez-Figueroa fue la que sin duda es su novela más famosa: Tuareg. Aquel fascinante libro había llegado a mi casa con el membrete de una entidad bancaria (en aquella época, los bancos y cajas de ahorro todavía regalaban libros y tebeos) y había languidecido en una estantería hasta que finalmente le hinqué el diente en una aburrida tarde de verano.

Pasaron muchos años hasta volver a leer otra novela del autor canario. La elegida fue La Iguana (1982), y no me defraudó en absoluto. Tanto es así que la volví a leer recientemente para comprobar, con satisfacción, que no había perdido ni un gramo de su encanto.

A cualquiera que le gusten los libros de aventuras le encantará esta novela. A ratos, uno puede llegar a creer que está leyendo al mismísimo Emilio Salgari. Creo que no se puede regalar un elogio mayor que ese a un escritor que cultive este género. Es cierto que la calidad de las numerosas obras de Vázquez-Figueroa es irregular, pero en esta lo borda.

El protagonista de esta historia es Oberlus, un marinero de origen irlandés al que todos llaman La Iguana por su aspecto repulsivo. Un pobre desgraciado que, harto de sufrir burlas, desprecios e insultos durante toda su vida, decide recluirse voluntariamente en un islote llamado Hood,  que forma parte del archipiélago de las Galápagos.

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Imagen de la adaptación cinematográfica de La Iguana del año 1988.

Para dar vida a Oberlus en la ficción, Vázquez-Figueroa se basó en un personaje real: Patrick Watkins, el primer colonizador de aquellas tierras, apodado “La Iguana” por su horrible aspecto físico, el cual provocaba el rechazo de la gente.

“Aquella fealdad repelente, furibunda y temible, que espantaba a los niños, hacía volver la cara, asqueadas, a las mujeres e inquietaba a los hombres, incapaces de sostener de frente su mirada”.

Pero aquí terminan las coincidencias y empieza la ficción. La historia de Oberlus es tremenda y fascinante, violenta y desagradable. En cualquier caso, cuando se empieza a leer La Iguana uno ya no puede parar hasta llegar al final.

El rey de Hood

Toda una vida de malos tratos y humillaciones hacen de Oberlus un ser vengativo y despiadado. Inhumano, como él mismo reconoce en varios pasajes de la novela. Decidido a no volver a ser jamás víctima, sino verdugo, se autoproclama “rey de Hood” e inicia un reinado tiránico e implacable sobre sus precarios dominios y sobre sus desdichados “súbditos”, los marineros que va capturando para que le sirvan de esclavos y a los que mantiene aterrorizados por su brutalidad y su falta de escrúpulos.

Por cierto: la isla de Hood, también llamada La Española, es un territorio real. Se trata de una inhóspita porción de tierra de unos 60 kilómetros cuadrados de superficie al sur del archipiélago, sólo habitada por aves marinas y, cómo no, varias especies de iguana.

Marine-Iguana-Galapagos

Una mujer, la Niña Carmen, caerá por casualidad en los dominios de este rey absurdo y cruel para acabar convertida en su esclava sexual. Con ella acabará manteniendo una extraña relación donde el odio y el asco se mezclarán con la lujuria. Con el tiempo , acostumbrada a una vida de horror y sumisión, así llega a reflexionar la Niña Carmen sobre su odiado carcelero:

“Fuera cual fuera su aspecto físico o la inconcebible maldad de sus acciones, quedaba claro que nunca, en ninguna parte, había conocido a un ser semejante, que encerrase en un mismo cuerpo, deforme, a la vez tanta miseria y tanta grandeza”.

¿Cómo explicar ese sentimiento contradictorio de odio y admiración?

“Tal vez, dicha fascinación se debiera a su maldad, a una crueldad que estaba muy por encima del mal mismo”.

Oberlus es un personaje grandioso. Su triste historia provoca en el lector compasión y lástima, y su decisión (su convencimiento) de no pertenecer a la especie humana a la que considera su único y gran enemigo, puede ser comprensible. Incluso la desigual guerra que libra él solo contra los hombres, los dioses y la naturaleza despiertan cierta simpatía.

Pero no, sus actos brutales y sanguinarios, su violencia y su inhumanidad (de la que presume), anulan toda la simpatía que pueda haber despertado en nosotros este personaje. El lector lo acaba aborreciendo, casi odiando. Oberlus se revela como un monstruo, tanto por fuera como por dentro.

Extremadamente inteligente, provisto de una fuerza de voluntad inagotable y libre de cualquier clase de atadura moral, Oberlus es un personaje complejo y fascinante que posee la capacidad de supervivencia de Robinson Crusoe, la abyección de Mr Hyde y la sed de venganza del Conde de Montecristo. Un hallazgo enorme que hay que atribuir a su creador, Vázquez-Figueroa. Chapeau!

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2 comentarios en “LA IGUANA, Alberto Vázquez-Figueroa

  1. Leí varios libros de Alberto Vazquez Figueroa pero hace ya mucho tiempo y, sinceramente, no los recuerdo bien. No conocía La Iguana y tampoco que existiera una versión cinematográfica.
    Llevaba una temporada de sequía lectora y estoy retomando la afición últimamente. Me lo apunto en mi lista de lecturas pendientes.
    ¡Gracias por la recomendación!

    Le gusta a 1 persona

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