MATADERO CINCO, Kurt Vonnegut


9788433920317Tuve la suerte de leer Matadero Cinco (1969), de Kurt Vonnegut, sin tener la más mínima idea de qué iba la novela. Y eso es realmente lo mejor que un lector puede hacer, pues entonces el impacto que recibe es brutal.

Así que si aún no has leído esta desconcertante, inclasificable y maravillosa novela, te recomiendo que detengas tu lectura aquí mismo y evites contaminarte con el exceso de información que carga este post.

Bien, veo que has decidido seguir (tal vez porque ya has tenido ocasión de leer Matadero Cinco y quieres ver si aquí se cuenta algo nuevo). Si no es así, debo advertirte: esta reseña viene cargada de spoilers.

De Dresde a Tralfamadore

Parece ser, como sucede con frecuencia, que hay algo de autobiográfico en esta novela. Al igual que Billy Pilgrim, el protagonista, también el propio Kurt Vonnegut participó en la II Guerra Mundial. Y como él también estuvo en la ciudad de Dresde entre el 13 y el 15 de abril de 1945, cuando las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses lanzaron un despiadado bombardeo sobre la población civil, un acto cruel e innecesario que se saldó con decenas de miles de muertos. Este atroz crimen de guerra no es tan conocido como las barbaridades cometidas por los nazis, pues ya se sabe que la historia las escriben los ganadores. Pero en fin, ese es ya otro tema.

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Dresde después del bombardeo aliado de 1945.

Ya inmerso en la lectura de Matadero Cinco, uno parece tener claro de que se trata de una historia sobre ese capítulo concreto de la guerra mundial. Pero no: de repente, la historia da un vuelco inesperado. Pilgrim, que en diversos pasajes es descrito como un pobre hombre sin voluntad, continuamente abstraído, casi ridículo, ha tenido la oportunidad de entrar en contacto con una especie inteligente extraterrestre procedente de un lejano planeta llamado Tralfamadore.

Los tralfamadorianos abducen a Pilgrim y a una atractiva actriz y se los llevan a su planeta donde serán exhibidos en una especie de zoológico. Pero no es este hecho, sino la revelación que le hacen sus captores lo que rompe la cabeza del lector. Este es el secreto que estos seres de otro mundo transmiten al bueno de Pilgrim, y el motivo que eventualmente explica su comportamiento errático y ausente:

“Nada cambia ni necesita advertencia o explicación. Simplemente es. Tome los momentos como lo que son, momentos (…) He visitado treinta y un planetas habitados del universo, y he estudiado informes de otros cien. Sólo en la Tierra se habla de libre albedrío.”

O explicado en palabras del propio Pilgrim:

Todos los momentos, el pasado, el presente y el futuro, siempre han existido y siempre existirán (…) Aquí en la Tierra creemos que un momento sigue a otro, como los guisantes dentro de la vaina, y que cuando un momento pasa ya ha pasado para siempre, pero no es más que una ilusión. Cuando un tralfamadoriano ve un cadáver, todo lo que se le ocurre pensar es que la persona muerta se encuentra en malas condiciones en aquel momento particular; pero sabe que aquella misma persona puede encontrarse estupendamente en muchos otros momentos.”

¿Extraterrestres? ¿El tiempo no existe? Su hija, que por cierto se llama Valencia, llega a la conclusión de que su anciano padre ha perdido la cabeza. Por su parte, Pilgrim, joven y anciano a la vez, va dando saltos en el tiempo. Se duerme en su habitación y despierta en mitad de la nieve, en un campo de prisioneros en 1945 en Alemania; después cierra los ojos y cuando los abre está viviendo el día de su boda; otro parpadeo y viaja a su infancia, o contempla con horror los refugios antiaéreos de Dresden convertidos en gigantescas fosas comunes.

Estos saltos temporales parecen escapar de su control. Pilgrim los acepta con resignación, casi con indiferencia, como quien se sienta a ver una película de la que ya conoce el final, pues la ha visto un millón de veces.

“So it goes”

Además de este delirante argumento, que inevitablemente empuja a Pilgrim (y en cierta medida también al lector) hacia el nihilismo, hay que destacar otros aspectos interesantes que Vonnegut nos brinda en las páginas de su novela.

Uno de ellos, el más visible, es la obsesiva repetición de la coletilla so it goes, que en la traducción española aparece como “así fue”. Esta coletilla parece forzada y prescindible en las primeras páginas de Matadero Cinco, pero a medida que se avanza en la lectura adquiere su verdadera dimensión: so it goes. Todo está escrito y predefinido en este Universo. El tiempo no tiene importancia.

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Kurt Vonnegut (1922-2007)

No falta tampoco en el menú una buena dosis de humor negro, sátira y crítica feroz hacia la guerra y sus héroes. Y un guiño para los fans de la obra de Vonnegut: también aquí nos encontramos con el personaje de Kilgore Trout, el veterano escritor de ciencia ficción que aparece en otras de sus novelas anteriores.

Matadero Cinco fue perseguida por la censura estadounidense, que en su día la tachó de “antiamericana” (hay que ver qué piel más fina tiene algunos), pero si hubiera que buscar adjetivos para esta una novela creo que las palabras “extraña” y “genial” serían las más adecuadas. Una obra que tiene la virtud de sorprender y maravillar al lector, para después sumirlo en un profundo estado de resignación. ¿De cuántas novelas se puede decir algo así?

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