IN NOMINE DEI, Juan Antonio Rodríguez

81LNQhmZihL.jpgDespués de leer Prostibulum, tenía pendiente la tarea de conocer la opera prima de Juan Antonio Rodríguez, de nuevo una novela histórica que en esta ocasión nos transporta a la Europa del siglo XIII, hasta uno de los episodios más terribles del medievo: la llamada cruzada albigense, mediante la cual la Iglesia borró del mapa (con los métodos expeditivos propios de la época) a la herejía cátara.

Los historiadores no se ponen de acuerdo, pero se estima que en aquella guerra contra los cátaros murió alrededor de un millón de personas, una cifra aterradora si tenemos en cuenta que, según el prestigioso medievalista Georges Duby, la población de Francia en ese siglo apenas rondaba los 14 millones de almas.

In Nomine Dei (2012) nos explica todo esto de forma novelada, mezclando personajes reales con otros ficticios, añadiendo a la trama un poco de “sal y pimienta” pero respetando escrupulosamente el rigor histórico, que al fin y al cabo es lo que espera cualquier aficionado a este género.

Los cátaros

Las historias narradas en la novela se insertan dentro de la “gran historia” del catarismo. Una de las tramas principales es la que protagoniza un joven novicio llamado Sergio, que viaja desde el norte de Italia hasta la Provenza con una misión secreta. No seré yo quien la desvele en esta reseña: quien quiera conocerla deberá leer el libro.

El resto de los personajes principales, cuyas vidas irán convergiendo hacia el terrible desenlace, van apareciendo paulatinamente a lo largo de la narración, arrastrados inexorablemente por los sucesos que les toca vivir.

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Carcasona (Francia), uno de los muchos escenarios históricos en los que se desarrolla la trama de In Nomine Dei.

Sobre la extrema crueldad con la que se empleó la Iglesia en su determinación de exterminar a los cátaros da fe el siguiente fragmento, que ilustra el pasaje más (tristemente) célebre de la cruzada albigense: la toma de Béziers y las siniestras palabras del no menos siniestro Arnaud Amaury, abad de Citeaux (Tuez-les tous, Dieu reconnaîtra les siens).

“-¿Qué debemos hacer con los habitantes, monseñor (…) ¿Cómo distinguir al hereje del cristiano? ¿Cómo podemos saber quién merece la muerte y quién no? ¿Cómo podremos reconocer a los buenos de entre los malos?

-Mi querido conde (…) me sorprende vuestra inquietud, ya que la explicación a la cuestión que me planteáis debería estar fuera de toda duda para vos. Podéis estar seguro de que la muerte de los albigenses complacerá a Dios. Y por su parte, los buenos, como vos los llamáis, aquellos que no habían contaminado su fe con la herejía, aún así han pecado a través de la tolerancia (…) ¡Así pues, conde Raimundo, Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius. Debéis ordenar matarlos a todos, ya que Dios reconocerá a los suyos!”

Y es que en In nomine Dei no faltan escenas sobrecogedoras y terribles, las de una Europa oscura en la que la Iglesia Católica reinaba gracias al poder del miedo y de la espada. Y también gracias al fuego, el de las hogueras en las que acababan ardiendo los herejes y otros muchos desdichados acusados de cualquier conducta o creencia que pudiera ser interpretada como pecaminosa.

Recomendaría especialmente este libro a quienes quieran saber más sobre los cátaros, su historia y sus orígenes, pues está lleno de detalles ilustrativos que explican a fondo los preceptos fundamentales de la herejía, así como los rituales y los modos de vida de los llamados bons hommes.

El estilo y otros detalles

Es una novela extensa, dividida en tres partes (En nombre de Dios, La Cruzada y Montségur) y estructurada en forma de capítulos cortos, lo cual contribuye a agilizar la lectura. Es cierto que las profusas explicaciones acerca de los usos de los cátaros y otros detalles afectan en algunos momentos al ritmo de la novela, aunque por otro lado harán las delicias de cualquiera que sienta curiosidad por el tema.

Se agradece el Dramatis Personae  que precede al texto, aunque he echado en falta un mapa del Languedoc, para situar geográficamente todos y cada uno de los escenarios en los que se desarrolla la acción. Por suerte, ese mapa sí aparece en la web del autor:

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Un detalle interesante es la inclusión de los intercambios epistolares entre algunos de los personajes (principalmente los “malos”), que ayudan a mantener el contacto de la narración de las historias particulares de los protagonistas con su contexto histórico.

Una advertencia: en la novela abundan los latinajos, como no puede ser de otro modo si hablamos de la época medieval, aunque la mayoría de estos vienen explicados convenientemente a pie de página. También abundan las citas del Apocalipsis, lectura predilecta de Fray Domenico de Sola, probablemente el personaje más divertido de In Nomine Dei, necesario por otra parte para aliviar la tensión y el drama de la narración.

En resumen, una novela que aborda un tema muy interesante y que, a través de una narración entretenida (no exenta de crudeza), nos ofrece una pequeña lección de historia.

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