ME VOY, Jean Echenoz

thumb_15794_portadas_big“Me voy”. Con esa escueta oración empieza el primer capítulo y termina la última frase de esta novela. Y ya de paso, también sirve de título.

Parece poca cosa, pero entre el primer “me voy” y el último hay una curiosa historia. Ágil, fácil de leer y muy original. Algo tenía que tener Me voy (1999), de Jean Echenoz, para ser premiada con el prestigioso Goncourt, máximo galardón de la letras francesas.

Quien se va es el personaje central de la novela: Félix Ferrer, un galerista de arte parisino,  mujeriego y egocéntrico, que ve una oportunidad de negocio única con la que enderezar su negocio en declive.

La oportunidad es un viaje al Ártico. Y es su colaborador Delahaye quien le ayuda a organizar la expedición hasta los restos del Nechilik, un barco aprisionado en el hielo al norte de Canadá desde los años 50 con un valioso contenido de antigüedades y obras de arte tradicionales de los pueblos de esas latitudes.

Pero en ningún caso Je m’en vais es un libro de viajes, ni mucho menos. Eso sí, la historia continúa en París y en parte también en España, concretamente en la ciudad de San Sebastián.

Un narrador poco corriente

220px-I'm_OffUno de los aspectos más curiosos de la novela es la actitud del narrador. Sí, digo actitud porque éste no se limita a contar y describir, sino que también se permite “opinar” sobre los personajes.

Así empieza por ejemplo el capítulo 28:

“Personalmente empiezo a estar un poco harto de Baumgartner. Su vida cotidiana es demasiado aburrida. Aparte de vivir en el hotel, de telefonear cada dos días y de visitar lo que le cae a mano, realmente no hace gran cosa. A todo esto le falta nervio”.

Es justo decir que, por mucho que el narrador se desespere con el escaso interés que le despierta Baumgartner, el otro personaje principal, la narración no es para nada aburrida. De hecho, el estilo de Echenoz se distingue por no andarse por las ramas.

Si hubiera que acusar de algo al autor no sería de aburrido. Su “pero” estaría en resultar un pelín pedante. Por ejemplo, en Me voy las descripciones son directas y sencillas, pero están salpicadas por algún cultismo fuera de lugar, metido de forma un poco artificiosa con la  intención (sospecho) de deslumbrar. Que quede claro que esto puede ser una impresión mía y muy personal.

Junto a la poco usual postura del narrador hay que destacar también las reflexiones irónicas de Ferrer, un protagonista que no acabó de caerme bien del todo. Demasiado egoísta, engreído y materialista.

echenoz
Jean Echenoz

Imagino que esta percepción negativa se multiplicará en caso de las lectoras, porque para el galerista, maduro interesante y ligón empedernido, las mujeres son poco más que bonitos objetos decorativos; llevárselas a la cama, una especie de juego:

“Acompañado de una mirada y una sonrisa apropiadas, el silencio puede producir grandes resultados”.

Por último, hay que apuntar en el debe de la novela el retrato burlón, casi caricaturesco, del mundillo del negocio del arte con sus divos y divas, sus fraudes y sus estridencias. Un mundo donde se mueve mucho dinero, pero también mucha tontería.

“En cuanto el arte y el dinero entran en contacto, por fuerza se dan de patadas”.

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