FLUYE EL SENA, Fred Vargas

Gracias a este volumen de tres relatos descubrí al comisario Adamsberg. Sé que no es el modo correcto de acercarse a la aclamada saga de la autora francesa Fred Vargas, pero ya después me puse a enmendar ese error.

Fluye el Sena (2002) recoge tres investigaciones del comisario, siempre soñador, silencioso y desconcertante, ayudado por el irritable Danglard, más aficionado que nunca al vino blanco en horas de trabajo.

Resulta difícil incluir estas historias dentro del género policiaco, pues no en todas se cumplen los requisitos necesarios del género. Se podría decir incluso que hay en ellas mucho más de novela social, con un destacado protagonismo de personajes marginales. Por otra parte, tambien hay en sus páginas un peculiar homenaje a la ciudad de París (aunque no la del glamour y las luces) y al icónico Sena.

Salud y libertad

De los tres, es el relato mejor conseguido. Vasco es un sastre profesional venido a menos que vive en la calle. Desde hace dias se ha instalado en un banco frente a la comisaría del distrito 5 de París. Su presencia indigna a Danglard, que intenta echarle (aunque no deja de darle una pequeña limosna diaria). Adamsberg en cambio se muestra más indulgente. ¿A quién molesta ese pobre viejo?

Todo cambia cuando el comisario empieza a recibir extraños mensajes anónimos de un asesino que se jacta de haber matado a alguien sin que las autoridades se hayan enterado del crimen. ¿Se trata de una broma o de una confesión? Adamsberg estudia las cartas con calma y curiosidad, mentras Danglard se impacienta.

La noche de los brutos

Así llama el comisario a la Nochebuena. No la celebra, no el gusta. Prefiere trabajar. Y así pasa la noche de guardia junto a un joven policía llamado Deniaut. Una cena frugal y una charla aburrida mientras el resto de los parisinos festeja la ocasión por todo lo alto.

“Para Jean-Baptiste Adamsberg era distinto: temía la Nochebena y se preparaba. La Nochebuena y su cohorte de accidentes; la Nochebuena y su legión de dramas. Nochebuena, la noche de los brutos”.

El comisario advierte a Deniaut acerca de un crimen que sucederá durante las próximas horas. La investigación se lleva a cabo rápidamente y se resuelve con la inesperada ayuda de un hombre detendido en la celda de los borrachos.

Cinco francos la pieza

De nuevo tenemos a un clochard parisino, un vagabundo que duerme en la calle acompañada por su inseparable carrito. En él llea un cargamento de esponjas desechadas que intenta vender. A cinco francos la pieza.

El sin techo se convierte en el testigo involuntario de un asesinato: una misteriosa mujer vestida con un abrigo de piel blanco que cae muerta a tiros. No se trata de un caso cualquiera, pues la mujer es alguien del Ministerio del Interior. Adamsberg intenta en vano que el vagabundo cuente todo lo que ha visto, pero éste se niega a hablar. Las altas esferas de la policía, sometidas a fuertes presiones políticas, instan al comisario para que use todos los medios posibles para que confiese.

Vagabundos, borrachos, personajes marginales pero entrañables… Esa es la fauna urbana que habita las historias de esta novela y con la que nuestro comisario parece sentirse muy cómodo.

Coule la Seine fue publicada después de las tres primeras novelas de la saga, pero tal vez no sea tan mala idea recomendarla para quienes aún no conocen al comisario Adamsberg. Un tipo extraño, inteligente a su manera, pero también anodino y soso como pocos. O le amas o le odias.

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