piramide de fango

LA PIRÁMIDE DE FANGO, Andrea Camilleri

Nuevo caso para el comisario Montalbano, cada día más viejo y agrio, pero también más lúcido. En La pirámide de fango (2014), Camilleri no se guarda nada y nos ofrece una visión cruda, amarga y desesperanzada sobre su amada Sicilia y, por extensión, sobre todo el país.

Con 89 años sobre sus espaldas, cabe suponer el autor ya estaba a esas alturas de vuelta de todo (aunque todavía le quedaba mucha cuerda). Debió pensar que ya no había que andarse con remilgos a la hora de llamar las cosas por su nombre. Además, en la recta final de la vida, ya no hay tanto miedo a las represalias y a los señalamientos. Así que se dedicó en este libro a describir «el fango de la corrupción, los sobornos, la evasión fiscal, la contabilidad fraudulenta, los fondos ilícitos, los paraísos fiscales, bunga, bunga…» La era Berlusconi ya había pasado, pero no sus usos y costumbres.

La historia comienza con el descubrimiento del cadáver de un hombre dentro de la tubería general de un edificio en construcción. El asesinado es un tal Gerlando Nicotra, conocido como Gigiù, que casualmente es el contable de la constructora.

Podría ser una coincidencia, pero las sospechas se disparan cuando alguien intenta matar a uno de los albañiles que trabajan en la obra. Un tipo que había estado reuniéndose en secreto con la periodista Lucia Gambardella, la cual está investigando supuestas irregularidades cometidas por la empresa constructora.

Pirámide de corrupción

Los chanchullos políticos y criminales son el pan de cada día en el entorno de Vigatà, pero cuando Montalbano habla con la periodista se da cuenta de que esta vez están ante algo realmente gordo. Algo que involucra a las grandes familias mafiosas de la región, pero también a numerosos políticos, empresarios y funcionarios. Una pirámide gigantesca que ha sido levantada con el fango más sucio y pestilente. Derribarla parece un trabajo de titanes. Para hacerlo, hay que enfrentarse a muchos enemigos, fuertes y peligrosos. Una tarea casi imposible, incluso para nuestro Montalbano y su brigada.

A pesar de los habituales toques de humor de la saga, esta vez la atmósfera de la novela es eminentemente pesimista. Pareciera que Camilleri no fuera capaz de encontrar consuelo ante este panorama de su tierra, donde la degradación moral va también de la mano de la degradación medioambiental:

«En la orilla del mar, las tormentas de antaño habían dejado una larga y ancha franja de basura. Bolsas y botellas de plástico, envases de todo tipo, zapatos desgastados, neumáticos, latas, bidones… Era un feto de putrefacción, de cosas podridas y muertas…»

Sin duda, la negatividad y derrotismo que planean sobre las páginas de La pirámide de fango acaban llevándose por delante casi toda la esencia que encontramos en otras novelas de la serie. En este Montalbano hay tristeza, rabia contenida, frustración e incluso un punto de resignación. Sin embargo, es una lectura que no defrauda a los seguidores más fieles (como yo mismo), pues en ella abundan guiños y referencias a otros personajes y a novelas anteriores.

Así es, amigos: Montalbano envejece de la mano de Camilleri. Ambos se encaminan hacia el fin de sus propias existencias. Por suerte, las últimas novelas de la saga brillarán para regalarnos un final a la altura de ambos: el personaje y su creador.

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