el lejano país de los estanques

EL LEJANO PAÍS DE LOS ESTANQUES, Lorenzo Silva

Había muchos motivos para animarse a leer El lejano país de los estanques (1998), de Lorenzo Silva. El primero, que es el primer título de una larga y exitosa serie, la que protagonizan los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro. Eso siempre es interesante. Otra razón de peso (para mí) es que la acción transcurre en Mallorca. Siempre es interesante para mí comprobar cómo ven los otros la isla donde nací y donde vivo.

La novela comienza con el descubrimiento del cadáver de Eva Heydrich, una joven austríaca asesinada en una urbanización turística de la costa mallorquina de Llevant. La escena del crimen parece señalar hacia una solución relativamente sencilla, pero pronto comienzan a surgir dudas y contradicciones. Para investigar el caso, la Guardia Civil envía desde Madrid al sargento Rubén Bevilacqua, acompañado por Virginia Chamorro, una agente joven e inexperta que afronta su primera investigación importante.

Bevilacqua y Chamorro

Uno de los mayores atractivos de la novela es precisamente asistir al nacimiento de la pareja formada por Bevilacqua y Chamorro. Todavía no son los investigadores experimentados y perfectamente compenetrados que aparecerán en novelas posteriores.

Aquí están comenzando a conocerse. Bevilacqua (al que casi todos llaman «Vila», para simplificar) es un hombre inteligente, reflexivo y dotado de un particular sentido del humor, mientras que Chamorro aparece inicialmente como una agente reservada, tímida e insegura, obligada a enfrentarse a un mundo y a unas situaciones para las que su formación académica y su carácter no parecen haberla preparado del todo.

Lorenzo Silva consigue que la relación profesional entre los dos investigadores tenga tanto interés como el propio misterio que deben resolver. En esto, me ha recordado mucho a los personajes de Petra Delicado y Fermín Garzón de las novelas de Alicia Giménez-Bartlett.

La Mallorca que retrata la novela constituye otro de sus grandes aciertos. Lejos de presentar la isla como una postal turística, Silva se interesa por su reverso: urbanizaciones aisladas, extranjeros que viven al margen de la sociedad local, locales nocturnos, playas nudistas, pequeños delincuentes y personajes que han encontrado en la isla un lugar donde ocultar o reinventar sus vidas. Debo decir que es un cuadro que no se aleja demasiado de la realidad. Bajo la aparente tranquilidad del paisaje estival se esconde un mundo de excesos, secretos y relaciones ambiguas.

La víctima, Eva Heydrich, ocupa también una posición central en la construcción de la novela. Aunque está muerta desde el principio, su personalidad se va reconstruyendo a través de los testimonios de quienes la conocieron. Cada personaje ofrece una imagen diferente de ella y, poco a poco, el lector comprende que conocer a la víctima es una parte fundamental para entender el crimen. La investigación no consiste únicamente en descubrir quién mató a Eva, sino en averiguar quién era realmente.

Lorenzo Silva utiliza un estilo ágil, directo y accesible. Una lectura «ligera», pero muy entretenida. La narración está contada desde la perspectiva de Bevilacqua, cuya voz aporta ironía y numerosas reflexiones sobre las personas, la sociedad y el propio trabajo policial. Habiéndome gustado, me ha dejado la sensación de que algunos personajes son demasiado simples y forzados. Se nota que el autor estaba todavía construyendo el universo de sus protagonistas cuando la escribió. No obstante, los fieles seguidores de la serie aseguran que lo mejor de la saga llega en entregas posteriores. Ahí estaré para comprobarlo.

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