La destrucción de la Biblioteca de Sarajevo

Sarajevo fue sin duda la ciudad más castigada durante la locura salvaje de la Guerra de Yugoslavia, en la década de los noventa del siglo pasado. Dicen que aquellas heridas ya están cerradas, pero algunas cicatrices son todavía visibles. Y lo serán durante generaciones.

Una de las imágenes que se grabaron en la retina de muchos de nosotros en aquella época fue una instantánea capturada por Mikhail Evstafiev en 1992, durante el cruel y largo asedio al que fue sometida la capital bosnia. Esta famosa fotografía, bautizada como El violonchelista de Sarajevo, dio la vuelta al mundo.

Biblioteca de Sarajevo

El protagonista de la foto es el músico Vedran Smailovic, que en esos años tocó en decenas de funerales, despidiendo con las melancólicas notas de su violonchelo a tantos de sus vecinos, muertos en los bombardeos. El escenario, la Biblioteca de Sarajevo.

Un violonchelo frente a las bombas

El 25 de agosto de 1992 las bombas cayeron, como casi todos los días, sobre los tejados de la malhadada ciudad. Y esta vez la víctima fue Vijecnica, que es como los habitantes de la ciudad llamaban a su querida Biblioteca Nacional. Más de 700 manuscritos e incunables así como muchos otros tesoros históricos y artísticos fueron pasto de las llamas. La destrucción fue absoluta. Todo se perdió para siempre.

La imagen de Smailovic, sentado sobre los escombros de la Biblioteca de Sarajevo tocando con su instrumento las notas del Adagio de Albinoni a despecho de los proyectiles y los francotiradores, se convirtió en un símbolo de la resistencia de una población sometida a casi tres años de asedio inhumano. Un acto de barbarie que se cobró la vida de cerca de 10.000 personas.

Biblioteca de Sarajevo (2)
La Biblioteca de Sarajevo, reconstruida en 2014.

El propio Smailovic había sido uno de los primeros en acudir a la biblioteca en llamas, tratando de salvar aunque fuera solamente unos cuantos volúmenes, resuelto a impedir que la memoria colectiva de los bosnios, su larga historia de tantos siglos, desapareciera en un solo día. Por desgracia, muy poco fue lo que se pudo rescatar del desastre.

La guerra terminó y tras ella llegó la reconciliación, pero para entonces Smailovic ya había huido del país y había iniciado una nueva vida en Irlanda del Norte. La querida Vijecnica fue reconstruida en 2014, pero ni siquiera esta buena noticia sirvió para que el músico se decidiera a volver a su patria: “No hay nada para mí allí. La guerra me enseñó que nunca se debe regresar, sólo seguir adelante.”

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