EL EXTRANJERO, Albert Camus

El extranjero, Albert CamusRecibí una crítica constructiva (creo) de parte de un amigo el otro día. Al parecer, estuvo curioseando en este blog y me reprochó una cierta cobardía a la hora de reseñar libros de autores consagrados.

Aunque discrepo de esta opinión (¿acaso no leyó mi post sobre la famosísima y aburridísima novela En el camino, de Jack Kerouac, por ejemplo), agradecí su observación y, para contentarle, decidí escribir una reseña sobre un libro elevado a los altares por críticos literarios e intelectuales de todo el mundo durante más de medio siglo: El Extranjero, de Albert Camus. Una reseña no necesariamente elogiosa.

En pocas palabras, el argumento de L’Étranger es el siguiente: Mersault, el protagonista, es un tipo solitario que lleva una vida bastante sosa en la Argelia francesa (la novela fue escrita en 1942). En un momento dado, se ve mezclado en un asunto que le es totalmente ajeno, arrastrado por su vecino Raymond, y acaba asesinando a tiros a un árabe en la playa.

Fueron cuatro disparos (…) como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia.

El suceso de la playa se produce exactamente a la mitad de la novela, dividiendo a la misma en dos. Después del relato puramente descriptivo, viene la reflexión que precede al desenlace.

Con el existencialismo hemos topado

Cuesta mucho tomarle cariño al personaje de Mersault, ese tipo apático, indiferente a todo. Un hombre gris y sin ilusiones atrapado en una vida monótona, que se duerme en el sepelio de su madre y que es incapaz de mentir.

Sí incapaz de mentir, pero eso no es una virtud. No siempre es malo mentir. Al menos la mentira humanizaría un poco a Mersault, ya que cuando se vive en sociedad responder siempre con la verdad desnuda acaba acarreándonos problemas. Cuando Marie le pregunta si le ama, él responde con toda sinceridad que no. Cuando el juez le pregunta si siente arrepentimiento por el crimen que ha cometido, dice que sólo se siente cansado. Ni siquiera la amenaza de la pena capital pendiendo sobre su cabeza resultar ser un estímulo suficiente para que mienta. Y no es estupidez, simplemente es que a Mersault todo le da igual y se siente como un “extranjero” en esta sociedad.

El Extranjero
Albert Camus (1913-1960)

Pues bien, este es un tema recurrente, aunque no el único, en el existencialismo: el absurdo de vivir, la insignificancia del ser…

Camus, ateo convencido, pensaba que, por mucho que los humanos nos empeñemos en dárselo, la vida carece de sentido. En algún momento, la contradicción se nos muestra con toda su crudeza y entonces nos encontramos inmersos una crisis existencial que nos golpea y nos desorienta. El reto de cada uno consiste en asumir esta realidad y tratar de vivir con ella.

Es en las últimas páginas de El Extranjero, sobre todo a partir de la visita del sacerdote al condenado Mersault, cuando se despliega todo este argumentario de los existencialistas. Una advertencia: esta lectura no es precisamente una fiesta.

Un dato autobiográfico

En la biografía sobre Camus que Olivier Todd escribió en 1996, se explica cómo el gérmen de El Extranjero fue un suceso real vivido por el propio autor en una playa de Orán.

Mastroiani El Extranjero
Marcello Mastroiani en el papel de Mersault en la adaptación cinematográfica de El Extranjero (1967), dirigida por Luchino Visconti

Un domingo, el joven Albert y sus amigos van a pasar el día a la playa. Todo está tranquilo, pero de repente Raoul Bensoussan solicita la ayuda del grupo, pues se ha peleado con dos árabes y quiere ajustar cuentas. Cuando los encuentran, se produce un altercado: entre golpes e insultos, uno de los árabes saca un cuchillo y hiere a Raoul. Inmediatamente se lo llevan de allí para que le curen en el pueblo, pero más tarde  el herido regresa a la playa con un revolver, en busca de venganza. Por suerte, a diferencia de la novela, en la historia real nadie acabó apretando el gatillo.

El Extranjero es una novela breve pero muy densa. Una invitación a pensar que transmite desasosiego y que supuso toda una revolución en su época. Hoy en cambio, aunque todavía interesante, puede resultar una lectura un tanto obsoleta que no escandaliza a nadie y (que me perdonen los sabios) a veces resulta monótona.

¿Será esta opinión suficiente para saciar la sed iconoclasta de mi amigo? Puede que no, aunque si llega hasta aquí algún admirador de Camus es probable que se sienta ofendido con mi humilde reseña. Es curioso, porque quien con toda seguridad no se ofendería de ningún modo es el autor. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene al fin y al cabo la vida? ¿Y qué trascendencia tiene este blog?

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