EL DÍA DE LA LECHUZA, Leonardo Sciascia

00106522801205____3__1000x1000Confieso que no conocía la existencia de Leonardo Sciascia hasta hace unos diez años, cuando leí una entrevista a Andrea Camilleri en la que reconocía a este autor como su punto de referencia y el verdadero “gran” escritor siciliano del siglo XX.

Así que, desde la Sicilia de Montalbano di un salto atrás en el tiempo para viajar a la Sicilia de la postguerra para leer El día de la lechuza (1960).

Tengo entendido que esta fue la primera novela que abordaba el espinoso asunto de la Mafia, lo cual debió ser en su momento un acto realmente valiente. Sobre todo porque el mensaje es una denuncia de una sociedad arrodillada frente a una poderosa organización criminal que ha podrido el sistema hasta sus entrañas, políticos incluidos, claro.

La novela es corta pero intensa. Todo empieza con el asesinato a sangre fría de Salvatore Colasberna cuando estaba a punto de subir al autobús que lo llevaría a Palermo. Cuando llegan los carabineros el lugar está desierto y todo el mundo declara no haber visto nada. Es la omertà, la ley del silencio.

Bastan unas pocas páginas para retratar el clima de violencia e intimidación de la sociedad siciliana de esos años (no sé si ahora es diferente).

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Sin testigos presenciales y con el miedo flotando en el aire, todo indica que el crimen quedará impune, como tantas otras veces. Pero entonces aparece en escena el capitán Bellodi, un “norteño” dispuesto a resolver el crimen y hacer cumplir la ley.

Bellodi es natural de Parma, el norte de Italia, y se esfuerza por comprender la mentalidad de los sicilianos y su enigmático dialecto. Gracias a su habilidad e inteligencia consigue que se produzcan algunas delaciones y se abran así pequeñas grietas en una organización sólida como una roca. Sin embargo, al tirar del hilo, Bellodi chocará con personas demasiado “importantes” dispuestas a enterrar el caso en el olvido y a quitarse de encima la presencia de ese molesto carabinero que se toma su trabajo demasiado en serio.

“El capitán era alto, joven y de tez clara; nada más pronunciar sus primeras palabras los socios de la Santa Fara pensaron “continental“, con alivio y desprecio al mismo tiempo; los continentales son atentos pero no entienden nada”.

Uno de los grandes momentos de El día de la lechuza es el interrogatorio de Mariano Arena, un “pez gordo” local mucho más hábil y mejor relacionado que los delincuentes de poca monta a los que Bellodi ha conseguido engañar y doblegar. Las declaraciones de Arena, un hombre peligroso disfrazado de ciudadano apacible y beatífico, podrían interprtarse como el ABC de la Mafia.

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Fotograma de la adaptación cinematográfica de la novela (Il giorno della civeta, 1968). En el reparto aparecen grandes del cine italiano como Franco Nero o Claudia Cardinale.

Antes, el brigada Ferlisi, que se erige improvisadamente en defensor de Mariano Arena despliega un cínico discurso: al tiempo que niega la existencia de la Mafia, alaba sus principios y defiende su validez como sistema de administrar justicia y asegurar la paz ante la ausencia y el abandono por parte del Estado. Primero alega que la mafia es un invento, casi una leyenda:

“Pero el siciliano que soy, y el hombre razonable que presumo ser, se rebelan contra esta injusticia que se comete con Sicilia, contra esa ofensa a la razón (…) Dígame usted si es posible concebir la existencia de una asociación criminal tan vasta y organizada, tan secreta, capaz de dominar no sólo media Italia sino incluso los Estados Unidos de América…”

Después admite que los que la gente llama “jefes de la mafia” son en realidad hombres que se ganan el respeto por su capacidad de impartir justicia. Bellodi responde: sólo el Estado puede impartir justicia. Ferlisi, carabinero pero antes que nada siciliano, también tiene respuesta para esto:

“¿Sabe qué nos hubiera pasado litigando ante su justicia? Pasarían los años, y tal vez por impaciencia o por rabia, uno de nosotros, o los dos, nos habríamos entregado a la violencia.”

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Leonardo Sciascia (1921-1989)

Argumentos tramposos

Los argumentos expuestos por los mafiosos y sus defensores son retorcidos y tramposos:

  • En primer lugar, se presentan a sí mismos como víctimas, aludiendo constantemente a  la brutal represión  perpetrada por el gobierno fascista en los años 20 y 30, personificada por Cesare Mori, el “prefecto de hierro”.
  • Por otra parte, justifican sus crímenes culpabilizando a sus víctimas: los asesinados no son hombres, pues han perdido tal condición debido a sus acciones y conductas poco honorables (siempre a los ojos de la mafia). Por tanto, su eliminación física no es un asesinato, sino un acto de justicia.

¿A nadie le recuerdan estos argumentos con los que muchos justificaban (y aún hoy justifican) los asesinatos de ETA y de otros grupos terroristas? ¿No es el mismo mecanismo, el de la deshumanización, que ampara al fin y al cabo todos los genocidios de la historia? El paisaje y la época cambian, pero la semilla maligna es la misma.

El desenlace de El día de la lechuza es bastante pesimista respecto a la posibilidad de cambiar todo esto algún día, un final que abre la puerta a muchas reflexiones y que hace todavía más grande esta obra.

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