HACEDOR DE ESTRELLAS, Olaf Stapledon

9788445077054A veces, para medir la altura de una obra basta con fijarse en las opiniones que de ella tienen los más grandes.

Por ejemplo, el hecho de que Hacedor de estrellas (1937), de Olaf Stapledon, fuera largamente elogiado por el mismísimo Jorge Luis Borges, ya nos da una prueba clara de que estamos ante una obra maestra.

Otro ilustre, Arthur C. Clarke, dijo de Star Maker que era “probablemente la más poderosa obra de la imaginación de todos los tiempos”.

Es más, autores como Brian Aldiss, Isaac Asimov, Doris Lessing, Bertrand Russell o Virginia Woolfe mencionaron en alguna ocasión el impacto que esta novela había causado en ellos.

Lo cierto es que es increíble que un libro escrito hace tantos años pueda resultar hoy tan actual y tan fascinante. Una narración con dimensiones científicas y filosóficas que desafían a la imaginación del lector.

También la mía. Debo confesar que me ha resultado muy difícil escribir una reseña de una obra tan inconmensurable como esta. Pero por otra parte, ¿cómo resistirse a hacerlo?

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Un viaje cósmico

Es una  noche tranquila en la campiña inglesa. Un hombre sube a lo alto de una colina para contemplar el cielo estrellado y de repente su mente se separa de su cuerpo para emprender un vertiginoso viaje cósmico, por el espacio y el tiempo.

Si buscásemos una definición muy pedestre, podríamos decir que Hacedor de estrellas es un libro de viajes por el Universo. Y así es, aunque sólo en cierto modo.

Nuestro protagonista conocerá a seres de otros mundos que, como él, viajan de forma telepática por la galaxia. Stapledon nos describe todo tipo de planetas y civilizaciones, muchas de ellas incomprensibles para la mente humana, simplemente absurdas o inconcebibles. Cada una de ellas daría para una saga entera de novelas de ciencia ficción.

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Olaf Stapledon (1886-1950)

Los llamados “mundos despiertos” son las civilizaciones que logran superar su individualismo para trabajar en el bien común. Estas son las que entran en contacto telepático unas con otras superando el problema del viaje espacial.

Pero a menudo incluso eso es insuficiente. Miríadas de mundos nacen y mueren en lo que, en la medida del tiempo cósmico, apenas podría considerarse un pestañeo. Que nadie se haga ilusiones, pues la Humanidad es sólo una más en esa larguísima lista de fugaces destellos. Una miserable gota de agua en el océano:

“Toda esta larga historia humana, la más apasionada y trágica de la vida, no fue más que un esfuerzo aparentemente sin importancia, aparentemente estéril y despreciable, que duró solo unos pocos momentos en la vida de la galaxia. Cuando terminó, el anfitrión de los sistemas planetarios todavía vivía, con una víctima aquí y allá, y aquí y allá entre las estrellas un nuevo nacimiento planetario, y aquí y allá un nuevo desastre”.

La tarea de clasificar y explicar todas estas realidades es enciclopédica, monumental, inabarcable. El propio narrador insiste en que todo lo descrito sólo es una pequeña muestra de la infinita diversidad del Universo, apenas vagos recuerdos de lo que en realidad vio y conoció.

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También es un viaje por el tiempo, desde el Big Bang hasta el fin del Universo, la fría e inexorable oscuridad final, que llegará cuando todas las estrellas ya se habrán consumido.

Pero en todo este viaje hay un objetivo: encontrar al Hacedor de Estrellas, si es que éste existe, y conocer al fin el sentido de todo el cosmos, si es que lo hay. A menudo asistimos a la aniquilación de una civilización entera, el fin de una especie inteligente, a veces por simple azar, ante la indiferencia del Universo.

“Se estaba haciendo evidente para nosotros que si el cosmos tenía algún Señor, no era ese espíritu (Dios), sino algún otro cuyo propósito al crear la infinita fuente de mundos no era paternal hacia los seres que había engendrado, sino alienígena, inhumano, oscuro”.

Hacedor de estrellas es uno de esos libros maravillosos e inclasificables, capaces de sacudir la mente del lector y dejar una huella imborrable. Nos invita a soñar y a la vez nos obliga a sumergirnos en reflexiones tan profundas como frustrantes. Imprescindible.

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