LOS CAMINOS PERDIDOS DE ÁFRICA, Javier Reverte

Fue leer El sueño de África y ya no pude parar. Recuerdo cómo llegó ese libro a mis manos, en una cama de hospital, hace muchos años. Cuando me dieron el alta ya me lo había acabado y me apresuré a conseguir los otros dos títulos de la triología: Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África (2002), cuya reseña llega hoy a mi blog.

Javier Reverte, desaparecido hace aproximadamente un año, fue uno de esos periodistas aventureros y románticos. De los que, por desgracia, ya no quedan. Por suerte, antes de marcharse nos dejó muchos relatos de viajes. Verdaderas maravillas que nos ofrecen otra forma de viajar: leyendo.

El volumen que cierra esta gran trilogía se centra en una serie de recorridos del autor por tierras de Etiopía, Sudán y Egipto. Como las otras veces, las experiencias y reflexiones en primera persona van acompañadas de interesantes acotaciones históricas, una formula que da como resultado una lectura apasionante.

Etiopía es descrita como un país totalmente distinto al resto del continente, con una historia larga y deslumbrante. Una joya única que languidece, pasto de la miseria y la corrupción. Puede que ese retrato escrito hace casi dos décadas esté vigente en la actualidad. No así el que el autor hace de Sudán.

La trilogía africana de Javier Reverte

Porque el Sudán que conoció Javier Reverte ya no existe, aunque él ya reflejó en su relato la existencia de dos naciones distintas. Describió la realidad de un país dividico entre negros crstoianos y árabes musulmanes. En cierto modo, profetizó la guerra que años después terminaría con la división del país.

La tercera parte, la que se refiere a Egipto, es la menos llamativa. No por demérito del autor, sino porque este es uno de los países sobre los que más se ha escrito en toda la historia. Y esto hace que este volumen sea, en mi opinión, algo más flojo que los dos anteriores.

Reverte volvió de este viaje enfermo de malaria. Solo después de recuperarse pudo ordenar sus notas y ponerse a escribir. Así se materializó este digno broche de oro para una trilogía dotada de una irresistible fuerza inspiradora. A pesar de los peligros, las incomodidades y algunas de las desoladoras realidades que se describen en el libro, Los caminos perdidos de África es una oda a la aventura de viajar, de descubrir y de aprender.

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