ovidio exilio

DIOS HA NACIDO EN EL EXILIO, Vintila Horia

Sigue siendo un enigma histórico sin resolver el motivo de la caída en desgracia de Ovidio, el gran poeta del amor de la Roma clásica. Hay varias teorías, pero ninguna certeza absoluta. La única realidad es que el emperador Octavio Augusto decidió desterrarlo a un rincón olvidado de su imperio: Tomis, a orillas del Mar Negro, una tierra de bárbaros, fría y oscura.

Ovidio, el celebrado autor de El Arte de amar, todavía fue capaz de escribir dos grandes obras en forma de epístolas durante su exilio: las Tristes y las Pónticas, que constituyen una valiosa fuente de información para los historiadores. De ellas bebió también Vintila Horia para crear esta singular novela histórica, el diario de Ovidio en la tierra de los dacios: Dios ha nacido en el exilio (1960).

Diario en el exilio

El relato en primera persona de un Ovidio nostálgico y lleno de tristeza en tierra hostil nos recuerda, en sus primeras páginas, a las primeras páginas de la absolutamente genial e irrepetible Yo, Claudio, de Robert Graves (en mi opinión, la mejor novela histórica de todos los tiempos). De hecho, algunas de las intrigas palaciegas del libro de Graves se reproducen también en esta obra.

Pero en la novela de Vintila Horia el relato es distinto: más íntimo al principio, pero después cargado de un mensaje universal. Ovidio añora la luz del Mediterráneo y la vida llena de lujos en Roma, a su esposa Fabia y a su amante Corina. Al mismo tiempo, detesta la rudeza del clima y de los habitantes de Tomis, ya sean griegos, romanos o getas (dacios), todos igualmente embrutecidos. En sus cartas al emperador, donde le implora clemencia en vano, refleja toda la desolación que le rodea.

Estatua de Ovidio en la ciudad rumana de Constanta (la antigua Tomis)

La falta de datos históricos fiables es suplida en la novela por la ficción. Por una parte, Horia atribuye el castigo imperial del exilio a los escritos impúdicos de Ovidio sobre el amor, el sexo y el arte de la seducción, que habrían acabado corrompiendo a su hija Julia y a gran parte de la juventud romana. Por otra parte, el autor añade por su cuenta un sorprendente sentimiento antiimperialista, es decir, anti-romano, en la figura de Ovidio. También le hace atravesar una crisis personal que pone a prueba sus creencias religiosas. El poeta acabará aborreciendo la decadencia del viejo mundo y sus dioses. Y abrazando la revolucionaria idea, ya sugerida por los getas, de un único dios.

«¿Por qué no puede retirarse un dios, entre tantos otros, ante la adoración fatigada de los hombres? Los dioses mueren con sus últimos fieles.»

A lo largo de esos nueve años lejos de Roma, el Ovidio de la novela se transforma por completo. Su alma de poeta le ayudará a ver las cosas de forma distinta, llegando a amar la tierra de su exilio y a las gentes que la habitan. Un reflejo de la Dacia (Rumanía) que el autor sin duda también amaba.

Más difícil de encajar en todo esto es la historia del nacimiento del Mesías en otro lugar del imperio, noticia que alcanza incluso a la remota Tomis, llegando a oídos de Ovidio. Todo es muy inverosímil y difícil de digerir, aunque es verdad que sirve para exponer una serie de interesantes reflexiones del autor sobre el papel del ser humano en el mundo y el significado final de la existencia. Probablemente, ese sea el fin último de esta obra.

«Había olvidado que la vida sin amor carece de sentido y que todas las filosofías del mundo y los dolores todos puede borrarlos un beso».

Más allá de inexactitudes históricas y del innegable sesgo cristiano del autor, hay que destacar que Dios ha nacido en el exilio es una obra escrita con una elegancia y exquisitez fuera de discusión. No en vano fue merecedora del prestigioso Premio Goncourt, al que por cierto tuvo que renunciar a causa de las acusaciones de «filofascista» lanzadas desde el mundo de la cultura en Francia (con Jean-Paul Sartre, autoerigido como un nuevo Robespierre, al frente). Sí, hace 60 años ya funcionaba eso de la «cancelación».

Parece ser que, en efecto, Horia había sido entusiasta partidario del fascismo en la década de los años 30 en Rumanía. También es cierto que fue purgado por sus propios camaradas y enviado a un campo de concentración nazi. Y que acabó sus días exiliado, igual que Ovidio, en la España franquista. Sin embargo, no hay nada en este libro que pueda ser interpretado como una apología del fascismo, más bien todo lo contrario.

4 comentarios en “DIOS HA NACIDO EN EL EXILIO, Vintila Horia

    1. Hola Juan. Pido perdón por mi ignorancia, pero a mí me llama más la atención la historia del destierro, con sus motivos y consecuencias, que los propios textos de Ovidio. Esas son lecturas para las que hace falta tener un nivel de conocimientos que probablemente me falte.
      Un saludo.

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