Los que ya tenemos una edad recordamos los años en los que todo el mundo tenía más o menos asumido cómo sería el fin del mundo: una guerra nuclear exterminadora que enfrentaría a soviéticos y norteamericanos, llevándose al resto de nosotros por delante.
Hay muchas novelas y películas que imaginan diabólicos escenarios donde se desata la locura (no digamos ya la que se sitúan directamente en un mundo post-apocalíptico). Pero aunque se basan en posibilidades reales, todas ellas son, al fin y al cabo, obras de ficción. En cambio, Guerra nuclear (2024) de Annie Jacobsen es un libro estremecedor que detalla, minuto a minuto, cómo podría desencadenarse una guerra nuclear global a partir de un hipotético ataque inicial de Corea del Norte a Estados Unidos.
Basándose en entrevistas con expertos militares y documentos desclasificados, Jacobsen construye un relato periodístico y riguroso capaz de estremecernos y angustiarnos de manera indecible. No se trata de realismo, sino de realidad. Terror con mayúsculas.

Asombra (y asusta) la rapidez con la que la humanidad podría precipitarse al abismo. La premisa: un misil que impacta en una ciudad estadounidense, sembrando una destrucción cien veces mayor que la que causaran en su momento las bombas de Hiroshima y Nagasaki. A partir de ahí, el reloj se dispara en una carrera demencial. Es un momento de graves decisiones. «Decisiones que afectan a miles de millones de vidas y que deben tomarse en seis minutos a partir de información incompleta y parcial». A la falta de tiempo para reflexionar hay que sumar la incertidumbre de los sistemas de alerta imperfectos y la posibilidad de errores humanos. Todo ello pone de relieve en cuestión de segundos la vulnerabilidad de la civilización moderna ante la amenaza nuclear.
Las descripciones de la devastación causada por las explosiones nucleares en diferentes puntos del planeta son sencillamente aterradoras. El impacto en el lector es mucho mayor que el de un relato clásico de terror. Fantasmas, monstruos, zombies… Todo eso queda minimizado ante un escenario de aniquilación lamentablemente posible. Y tal vez no tan improbable como queremos pensar.
Pero la desolación no termina ahí. Hay una famosa frase de Leonid Brezhnev, el líder la Unión Soviética entre 1966 y 1982, que aún hoy produce escalofríos: «Después de una guerra nuclear, los supervivientes envidiarán a los muertos». ¿Exagerado? No ante este panorama infernal: incendios masivos que dan lugar al temido invierno nuclear, el colapso de la agricultura, hambrunas globales, caos y anarquía generalizados… Y una radiación persistente (que se prolongaría durante milenios) que obligaría a los supervivientes a vivir bajo tierra.
La conclusión de Annie Jacobsen es demoledora: una guerra nuclear podría comenzar en cualquier momento. Por accidente, por un malentendido o tras una provocación. Y si sucede, el mundo tal como lo conocemos desaparecería en cuestión de horas.
La existencia de armas nucleares ha estado justificada durante décadas por el principio de destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés). Pero Jacobsen cuestiona esa lógica, señalando múltiples incidentes donde errores técnicos, interpretaciones erróneas o incluso simples accidentes han estado a punto de provocar una guerra nuclear.
Realmente, este no es un libro fácil de leer. No ofrece consuelo, ni finales esperanzadores, ni soluciones simples. Como la propia autora advierte desde las primeras páginas, la pregunta no es si una guerra nuclear es posible. La verdadera pregunta es: ¿cuánto tiempo más podremos evitarla?
Lecturas relacionadas:
- Flores de verano (1947), de Tamiki Hara. Desgarrador testimonio sobre el infierno atómico de Hiroshima.
- La hora final (1957), de Nevil Shute. Una novela que afronta la realidad de la destrucción total de la guerra nuclear. Nadie puede salvarse.
- El mundo sin nosotros (2007), de Alan Weisman. Una descripción del planeta y de cómo la vida continúa una vez que el ser humano se haya extinguido.
