conquistadores

CONQUISTADORES, Éric Vuillard

Hasta ahora, todo lo que había leído de Éric Vuillard me había entusiasmado: El orden del día, Una salida honrosa, La batalla de Occidente… Todas magníficas obras. Pero esta racha gloriosa se ha interrumpido con Conquistadores (2009). Y no precisamente porque no sea un libro maravillosamente escrito, como los otros.

Conquistadors, publicada en español por primera vez el año pasado, nos sumerge una vez más en uno de los episodios más complejos y discutidos de la historia: la aventura de Francisco Pizarro en Perú, la destrucción del imperio Inca y, en un sentido más amplio, la conquista de América.

Vaya por delante que aquí, igual que en sus otros libros, Vuillard no pretende presentar una narración histórica tradicional, sino una reconstrucción literaria libre y, desde luego, nada imparcial. Con su estilo habitual, la obra se acerca más al ensayo poético que al relato documental. El resultado es un texto provocador, impactante y cuidadosamente escrito, pero también profundamente sesgado desde el punto de vista histórico.

Lo bueno: narrativa de cinco estrellas

Lo que más brilla en Conquistadores es, sin duda, la prosa de Vuillard. Con frases cortas, imágenes fulgurantes y un ritmo cortante que logra imprimir a la narración una intensidad casi teatral. Lejos del lenguaje árido del historiador académico, el autor nos cautiva con una narrativa vibrante y estética, llenando los huecos y los silencios de la historia con generosas dosis de imaginación.

“Todo parecía inmóvil en Cajamarca. El aire apenas se movía. Y, sin embargo, la historia avanzaba a grandes zancadas. Nadie oía sus pasos.”

Hay párrafos enteros en los que la crudeza del relato histórico se convierte en una visión casi onírica, en una metáfora viva del poder, la violencia y la ambición. Mucha belleza mezclada con una ingente cantidad de sufrimiento. Una intensidad abrumadora.

Lo malo: falta de rigor histórico

Es una pena que esta excelencia literaria se ponga al servicio de una lectura histórica profundamente cuestionable. Por desgracia, Conquistadores se inscribe sin matices en la tradición de la llamada «leyenda negra»: la visión negativa y monolítica del papel de España en América, construida históricamente por sus enemigos geopolíticos (Francia, Inglaterra, Países Bajos) desde el siglo XVI, y que ha sido amplificada en la cultura popular.

Pizarro y el resto de conquistadores son retratados como monstruos movidos por la codicia más brutal, capaces de todo tipo de atrocidades, sin atisbo de humanidad. Los pueblos indígenas, por contraste, son presentados como víctimas pasivas, culturalmente sublimes pero políticamente ingenuas, que acaban cayendo ante un mal externo inevitable. Casi como en una fábula infantil de buenos y malos:

“Atahualpa pensaba que aún podía razonar con ellos. No sabía que no hay palabras que valgan frente a los hombres que lo quieren todo.”

Conquistadores es una obra poderosa en lo literario y provocadora en su planteamiento. Su lenguaje elegante, su ritmo feroz y su capacidad para provocar reflexión la convierten en una lectura muy interesante. Mi conclusión: Vale la pena sumergirse en ella, siempre que no caigamos en el error de darle el valor de una obra de investigación histórica.

Si se trata de aprender sobre el papel de España en América, hay obras mejores, más rigurosas y objetivas. Si la cosa es disfrutar del placer de leer, no está mal dejarse mecer por la luminosa prosa de Vuillard. Eso sí, con la debida cautela.

2 comentarios en “CONQUISTADORES, Éric Vuillard

  1. Casi totalmente de acuerdo con su opinión, salvo que el estilo fluido, ágil y directo de Vuillard, en esta obra, “Los conquistadores“, se convierte en denso, reiterativo y vacío, al aportar muy poco sobre el tema que aborda y dejarse llevar por un sectarismo, tan, tan, tan parcial y torpe que nunca hubiera imaginado en el escritor de libros, como “El orden del día “, “Una salida honrosa”, “La batalla de occidente “….con los que he disfrutado y aprendido tanto. Mi opinión es de absoluta decepción.

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  2. Hola Fernando.

    Muchas gracias por su comentario. Me alegra ver que coincidimos en esto (me temo que no debemos ser los únicos). Al menos Vuillard tiene la dispensa de ser francés. Resulta más doloroso cuando es un autor español el que se apunta entusiasmado a validar la leyenda negra.

    Un saludo,

    Daniel

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