VIOLETAS DE MARZO, Philip Kerr

El detective Bernie Gunther es el protagonista de la famosa trilogía Berlin Noir, la cual resultó tan exitosa que acabó convertida en una saga. Este es su primer acto: Violetas de marzo (1989), de Philip Kerr.

La definición más apropiada para esta novela: una historia clásica de detectives americanos trasplantada a un escenario tan singular como el de la ciudad de Berlín en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1936.

Gunther es un ex-agente de la Kripo (Kriminalpolizei) que decidió abandonar el cuerpo con la llegada de los nazis al poder. Se gana la vida realizando investigaciones para compañías de seguros y se mueve bien en los bajos fondos de la capital del Reich.

Un día recibe el encargo de un poderoso empresario del acero, Hermann Six. Uno de esos que estuvieron presente en la famosa reunión secreta con Hitler a principios de 1933 (hecho real que noveló magistralmente Eric Vuillard en El orden del día), en la que se fraguó el pacto entre los magnates del país y el nuevo gobierno nacionalsocialista.

Su misión es averiguar quién ha asesinado a su hija y su yerno, además de encontrar un collar de diamantes que ha desaparecido en la casa donde se ha cometido el crimen. Pero la trama se complica de forma inesperada y Gunther se encuentra de repente en medio de una red de intrigas entre distintas facciones del Partido Nazi, una partida peligrosa donde hay jugadores tan poderosos como el Primer Ministro Hermann Goering o Reinhard Heydrich, mano derecha de Heinrich Himmler.

Philip Kerr (1956-2018)

Bernie Gunther

Toda la narracion de Violetas de marzo gira en torno al personaje central, Bernhard ‘Bernie’ Gunther, cuyo perfil reúne todas las características de un detective estadounidense de novelas hard boiled de los años 20 y 30. Podría ser una versión germanizada de Philip Marlowe o de Sam Spade.

Kerr aprovecha esta similitud para rendir su particular homenaje a los clásicos del género. De hecho, hasta se atreve a dedicar al lector algún que otro guiño. ¡Y en palabras del mismísimo Goering!

Siempre he querido conocer a un auténtico detective privado. Dígame, ¿ha leído alguna de las novelas de Dashiel Hammet? Es americano, pero a mí me parece maravilloso.”

Gunther tiene la lengua larga y rezuma cinismo y mordacidad por todas partes. Resulta además que es un tipo muy atractivo para las mujeres, aunque por otra parte su audacia y falta de cortesía hacen que reciba muchos golpes y alguna que otra paliza a lo largo de la novela. Gajes del oficio, supongo.

Siempre al filo de la navaja, Gunther no disimula su aversión hacia los nazis:

“Eso era Berlín bajo el gobierno nacionalsocialista: una casa enorme y llena de fantasmas, con rincones oscuros,escaleras tétricas, sótanos siniestros, habitaciones cerradas…”

Su incontinencia verbal juega en su contra, pues a menudo sus comentarios ácidos (como los que suelta mientras observa al corredor negro Jesse Owens dejando atrás a sus adversarios en el estadio olímpico) le granjean miradas reprobatorias. Y a veces algo más que sólo miradas.

No contento con describir la atmósfera sofocante e insoportable de la vida cotidiana durante la Alemania nazi, Philip Kerr añade unas últimas 30 páginas en las que, por circunstancias que no puedo explicar, nuestro héroe va a dar con sus huesos en el campo de concentración de Dachau. A mí me pareció un recurso un tanto forzado, un giro de la trama que no acaba de empastar con el resto de la novela*.

Por último hay que explicar el significado del título: Violetas de marzo. Así eran conocidos los trepas que se subieron al carro del nazismo cuando éste triunfó en Alemania, son el único objetivo de enriquecerse y tocar poder. A menudo, estos sujetos se comportaron con mayor crueldad y maldad que los propios nazis. En las páginas de March violets desfilan unos cuantos ejemplos de tales personajes.

*Para ahondar en este tema, es mejor sumergirse en testimonios reales y desgarradores como el de Si esto es un hombre, de Primo Levi.

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