DÍA DE PERROS, Alicia Giménez Bartlett

La segunda entrega de la saga de la inspectora Petra Delicado se adentra en la parte más oscura del mundo canino, como ya se nos anuncia en el título: Día de Perros (1997).

El peculiar tándem formado por Petra y el subinspector Fermín Garzón parece ya consolidado. Su relación profesional está fraguando en una sólida amistad que en esta novela va a sufrir su primera prueba de fuego.

Un hombre es encontrado medio muerto después de recibir una paliza. Nadie le conoce, nadie ha visto nada. Es un pobre marginal que probablemente andaba metido en turbios asuntos. Días más tarde muere en el hospital sin nadie que reclame su cuerpo. Su único amigo en el mundo es un perro pequeño y feo que de pronto se ha quedado huérfano. Será la inspectora quien lo adopte y lo acabe bautizando con el nombre de Espanto.

“Si llego a saber que la cosa era tan sencilla con un perro, me hubiera ahorrado un par de matrimonios”.

La pareja de detectives intentan averiguar quién ha podido ser el asesino y cuáles han sido sus motivos. Su investigación será también una iniciación al mundo de los canes donde descubrirán a veterinarios, adiestradores, peluqueros caninos e incluso a una empresa “rescatadora” de perros robados.

Ver también: Las mejores novelas sobre perros.

De rebote, tanto Petra como Fermín, cada uno por su lado, entablarán relaciones sentimentales. ¡Garzón se destapa como un auténtico casanova otoñal capaz de solapar dos romances a la vez! Sin duda, una nueva juventud para el subinspector. Algo inimaginable en la primera entrega de la serie, Ritos de muerte.

Pero detrás de los momentos hilarantes y las ácidas observaciones de Petra sobre su compañero, subyace un asunto turbio y se proyecta la sombra de la tragedia.

Alicia Giménez Bartlett es también una amante de los perros.

Me pareció que, más allá de pesquisas, misterios y la fina ironía de la inspectora, esta novela esconde también una honda reflexión sobre la soledad y el paso del tiempo. Es precisamente la soledad lo que impulsa a personajes como Fermín, Valentina y Ángela (que conforman el triángulo amoroso de la edad madura), pero también a la propia Petra, a buscar compañía y calor humano (o perruno) en un mundo hostil y feo. A veces muy feo, como bien explica Garzón:

“Yo he visto muchas cosas en este mundo, ya se lo imagina (…): niños abandonados, suicidas colgados de una viga, putas jóvenes apaleadas… pues bien, siempre he procurado no compadecerme en exceso de nada. Es la manera de no acabar en un psiquiátrico”.

Día de perros es una lectura que mantiene al lector pendiente en todo momento y en el que la ironía y el humor son ingredientes básicos para condimentar la trama. Sin duda uno de los puntos fuertes es el magnetismo de los dos personajes principales, mayor incluso en esta segunda entrega de la serie.

En definitiva, una de esas novelas que desearías que nunca se acabasen, pero que como todo en esta vida, tienen un final. Menos mal que Alicia Giménez Bartlett mantiene la saga viva para que podamos seguir disfrutando de ella.

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