El día en que Agatha Christie asesinó a Hércules Poirot

No debe ser una situación agradable tener que trabajar todos los días con una persona a la que no soportamos pero de la cual nuestro trabajo depende casi por completo. Sería humano, incluso justificable, fantasear con la idea de borrar a esa persona del mapa. Eliminarla para siempre. Sí, eso es lo que llegó a sentir Agatha Christie hacia su personaje más famoso: el detective belga Hércules Poirot.

¿Había motivos para tanto odio? Bueno, hay que reconocer que Poirot era un tipo bastante raro y maniático. Quisquilloso, altivo y propenso a sufrir problemas digestivos. Todo eso podría hacer de él alguien un poco insufrible, pero no tanto como para desear su muerte.

Por supuesto, esos defectos de Poirot quedaban eclipsados por su fina inteligencia. Cuando esas “pequeñas células grises” se ponían a trabajar no había caso que quedara sin resolver. Sus fans le adoraban (aún hoy lo hacen), por eso resulta aún más asombroso que su propia creadora lo detestara y lo definiera como un ser “grandilocuente, aburrido y egocéntrico”.

Matrimonio de conveniencia

Pero la “reina del crimen” era una persona inteligente y pragmática. Junto a sus novelas, las frases de Agatha Christie, sabias e ingeniosas, son buena prueba de ello. Por eso, y a pesar del rechazo irracional que había desarrollado hacia su propia creación, era consciente de que Poirot era una fuente de ingresos de la que no podía prescindir.

David Suchet en el papel de Hércules Poirot en la famosa serie de TV

La relación Christie-Poirot era algo parecido a un matrimonio de conveniencia. Juntos habían llegado muy lejos; separados, el futuro parecía incierto.

La autora también sabía que sus lectores amaban a Poirot. Es cierto que podría haberse quitado de encima a ese pequeño y molesto belga sin mayor esfuerzo en cualquiera de sus novelas. Pero el precio a pagar sería alto. Todo el mundo sabía lo que le había pasado a Arthur Conan Doyle cuando había intentado “liquidar” a Sherlock Holmes. No tenía sentido caer en su mismo error.

Y aún así, Agatha Christie no podía disimular cuánto aborrecía al personaje que le había encumbrado a la cima del éxito literario. En un ensayo llamado “Por qué me harté de Poirot” (el título habla por sí solo), la autora británica aconsejaba a los jóvenes escritores de ficción detectivesca que tuvieran mucho cuidado con el personaje central que creasen, ya que “¡es posible que éste permanezca con ustedes durante mucho tiempo!”

Telón

Pero como experta tejedora de misterios y asesinatos, la escritora había ido planeando poco a poco una veganza digna de sus mejores novelas. Y así llegó el día en que tuvo preparado el asesinato perfecto para librarse de Poirot.

La novela Telón (Curtain en su título original en inglés) fue publicada en 1975, poco antes de la muerte de Agatha Christie, aunque en realidad había sido escrita treinta años antes. Casi nadie lo sabía. El manuscrito fue conservado en la caja de seguridad de un banco para ocultar su existencia.

Semanas antes de fallecer, viendo cómo su salud empeoraba de forma alarmante, la escritora creyó que había llegado la hora de la venganza. Ésta consistió en que viera la luz la novela en la que se narraba la muerte de Hercules Poirot, a causa de un ataque cardíaco inducido por un veneno.

Pero la reacción del público fue increíble. El “pequeño cretino egocéntrico”, como lo definió ella, consiguió un obituario en la primera página del New York Times. Era la primera vez que un personaje de ficción recibía ese honor.

La creadora intentó acabar así con su propia creación, llevársela con ella a la tumba. Pero ya era tarde. Poirot se había convertido ya en una figura inmortal. Agatha Christie dijo en cierta ocasión que “el tiempo es el mejor asesino”. Tal vez se equivocara.

5 comentarios en “El día en que Agatha Christie asesinó a Hércules Poirot

  1. Bueno, yo creoo que los/as creadores/ras tienen todo el perfectísimo derecho de matar, eliminar, hacer desaparecer sus creaciones. Claro que sí, ese es un hecho que no pienso deba cuestionarse de ninguna manera. Otra cosa es que queramos llenar de tinta las páginas de los noticieros, por pura conveniencia. Pero lo que debe estar claro es que quien crea algo puede destruírlo tranquilamente cuando le convenga, faltaría más. La escritora era una mujer inteligente y hábil, que aprovechó la circunstania de que su marido era arqueólogo y como todos los británicos con cargos de una cierta posición social que vivían en el extranjero hacía de espia para la realeza inglesa. Y eso le dio a Ágatha una fuente de información muy valiosa, que ella supo convertir en unos relatos apasionantes. Debemos estar agradecidos a su existencia. Quien crea es como un dios y tiene determinados poderes. Es mi opinión.

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    1. Hola Ramón. Tu comentario es muy acertado, sin embargo no estoy tan seguro de que la obra de un creador, una vez que ésta alcanza una dimensión universal como es el caso de Poirot, sea propiedad exclusiva de él. Estoy pensando por ejemplo en El Quijote, que ha trascendido a Cervantes y hoy es mucho más que un personaje literario. Ha alcanzado la eternidad.
      Otro ejemplo que me viene a la cabeza es el de Tintín, aunque en este caso concreto los herederos de Hergé protegen su uso y su imagen a sangre y fuego, con un ejército de abogados dispuestos a perseguir cualquier intento de copia, plagio o uso inadecuado del personaje.
      Un saludo.

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      1. Hola, Daniel, sí, todo es el color del cristal con que se mire. Una gran obra es un favor para la humanidad y en ese sentido debería ser propiedad común. Pero en cambio, hoy día por ejemplo, los derechos de autor son algo reconocido y perfectamente defendible por los creadores, como sucede en el caso de Tintín que has señalado. Creo que es un problema de difícil solución y que se tendría que llegar a un acuerdo válido para ambas partes. Un saludo.

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  2. Lo que le pasaba a Agatha Christie con Poirot me recuerda a ciertos músicos que odian tocar las canciones que les han hecho famosos y que siempre les piden en los conciertos. Imagino que debe ser un tanto descorazonador que una de tus creaciones te haga tanta sombra. Personalmente, estoy deseando odiar así a alguno de mis personajes XD Me ha encantado tu entrada, una vez más. Saludos 🙂

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    1. Sí, buen símil. Debo reconocer que el tema del artista que llega a odiar a su propia creación, o tal vez a sentir celos de ella, es realmente fascinante. Si alguna vez te pasa algo así ya me contarás 🙂
      ¡Un saludo!

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